Luchando en el Nuevo Terreno ¿Qué ha cambiado desde el siglo XX? CrimethInc.




Hace ya 10 años que publicamos Days of War, Nights of Love, uno de los libros anarquistas más influyentes del cambio de siglo. Desde entonces han tenido lugar tremendos cambios tecnológicos y culturales. Al reflexionar sobre ello, parece que muchos de los cambios radicales incidentales que estábamos pidiendo ya hayan tenido lugar, pero que no haya ocurrido ninguna transformación fundamental. Podemos aprender mucho estudiando cómo ha ocurrido esto y qué es diferente hoy en el contexto actual.

Hacia este fin, presentamos Fighting in the New Terrain: What’s Changed since the 20th Century, producto de meses de debates. Esperamos que inspire nuevos análisis y estrategias, y os invitamos a compartir vuestros avances con nosotrxs.

Obertura: Cuantas más cosas cambien…

Había una vez en que, el bloque básico del edificio del patriarcado era la familia nuclear, y pedir su abolición era una demanda radical. Ahora las familias están cada vez más fragmentadas - ¿esto ha extendido el poder de la mujer o la autonomía de lxs hijxs?

Había una vez en que, los medios de masas eran solamente unos cuantos canales de televisión y varias emisoras de radio. No sólo se han multiplicado en una infinidad, si no que están siendo suplantados por otras formas de comunicación como el Facebook, Youtube y Twitter. ¿Pero ha provocado esto un consumo pasivo? ¿Y cuánto control tienen lxs usuarixs sobre estos nuevos formatos, hablando estructuralmente?

Había una vez en que, las películas representaban el sumario de una sociedad basada en el espectáculo; hoy, los video-juegos nos hacen ser la estrella en nuestras épicas disparar-a-todo-el-mundo, y la industria del video-juego hace casi tanto negocio como Hollywood. En una audiencia, al mirar una película todo el mundo está solo; lo más que puedes hacer es abuchar si el argumento te resulta insultante. En los nuevos video-juegos, por otra parte, puedes interactuar con versiones virtuales de otros jugadores en tiempo real. ¿Es esto mayor libertad? ¿Es esto mayor comunidad?

Había una vez en que, se podía hablar de medios sociales y culturales de masas, y donde las propias subculturas parecían subversivas. Ahora la “diversidad” es un premio para nuestros dominadores, y la subcultura es un motor esencia de la sociedad de consumo: cuantas más identidades haya, más mercados.

Había una vez en que, la gente crecía en una misma comunidad igual que sus padres y abuelxs, y los viajes podrían ser considerados una fuerza desestabilizadora que interrumpía las configuraciones estáticas sociales y culturales. La vida de hoy se caracteriza por un constante movimiento ya que la gente lucha por mantener las demandas del mercado; en lugar de configuraciones represivas, tenemos un movimiento permanente, una atomización universal.

Había una vez en que, lxs trabajadorxs estaban en un puesto de trabajo durante décadas, desarrollando lazos sociales y puntos de referencia comunes que hacían posible los desfasados sindicatos. Hoy, el empleo cada vez es más temporal y precario, ya que cada vez hay más trabajadorxs saliendo de las fábricas y los sindicatos hacia la industria de servicios y la flexibilidad obligatoria.

Había una vez en que, el trabajo asalariado era una esfera diferenciada de la vida, y era fácil reconocer y rebelarse contra las formas en las que se explotaba nuestro potencial productivo. Ahora todos los aspectos de nuestra existencia se están convirtiendo en “trabajo”, en el sentido de actividad que produce valor en la economía capitalista: sólo mirando tu cuenta de email incrementas el capital de los anunciantes. En lugar de distintos roles especializados en la economía capitalista, vemos cada vez más una producción flexible y colectiva de capital, y una gran parte de ella no se paga.

Había una vez en que, el mundo estaba lleno de dictaduras en las que el poder estaba claramente impuesto desde arriba y podía ser contestado como tal. Ahora éstas han dado paso a democracias que parecen incluir a más gente en el proceso político, legitimando así los poderes represivos del estado.

Había una vez en que, la unidad esencial del poder estatal era la nación, y las naciones competían entre ellas para imponer sus intereses individuales. En la era de la globalización capitalista, los intereses del poder estatal trascienden las fronteras nacionales, y el modo dominante de conflicto ya no es la guerra, sino el estado policial universal. Se usa ocasionalmente contra las naciones pícaras, pero continuamente se aplica contra la gente.

Había una vez en que, se podía dibujar líneas, sin embargo arbitrarias, entre el llamado Primer Mundo y el Tercer Mundo. Hoy el Primer y el Tercer Mundo coexisten en cada metrópolis, y la supremacía blanca está administrada en los Estados Unidos por un presidente afro-americano.


Luchando en el Nuevo Terreno

Al comienzo de este siglo, sólo podíamos imaginar el anarquismo como una deserción de un orden social todo-poderoso.

Hace diez años, como maníacos de mirada fija, publicamos Days of War, Nights of Love, que fue inesperadamente uno de los libros anarquistas best-sellers de la siguiente década [1]. Aunque polémico en el momento, en retrospectiva fue muy representativo de lo que muchos anarquistas estaban pidendo: inmediatez, descentralización, resistencia al capitalismo do-it-yourself. Añadimos algunos elementos provocativos: anonimato, plagiarismo, delito, hedonismo, rechazo al trabajo, la deslegitimación de la historia a favor del mito, la idea de que la lucha revolucionaria podía ser una aventura romántica.

Nuestra visión estaba configurada por un contexto histórico específico. El bloque soviético se había colapsado hacía poco y se habían avistado ya inminentes crisis políticas, económicas y ecológicas; el triunfalismo capitalista estaba en su cima. Nos centramos en minar los valores de la clase media porque parecían definir las aspiraciones de todo el mundo; presentamos la lucha anarquista como un proyecto individual porque era difícil poder imaginar otra cosa. Cuando el movimiento anti-globalización cogió fuerza en los EE.UU. y dio lugar al movimiento anti-guerra, conceptualizamos la lucha más colectivamente, aunque aún vista como una decisión personal para oponerse a un status quo firmemente asentado.

Hoy, mucho de lo que proclamábamos es agua pasada. En cuanto a que el capitalismo ha generado un estado de crisis permanente y las innovaciones tecnológicas han penetrado en cada aspecto de la vida, la inestabilidad, la descentralización y el anonimato son características de nuestra sociedad sin acercar el mundo a nuestros sueños lo más mínimo.

Lxs radicales a menudo piensan que están en una tierra de nadie, desconectadxs de la sociedad, cuando de hecho están en su borde – aunque no necesariamente acercándose a las metas que anhelan. Como discutimos más tarde en el Rolling Thunder #5, la resistencia es el motor de la historia: trae los desarrollos sociales, políticos y tecnológicos, forzando al orden prevaleciente a innovar constantemente para no ser sobrepasado o absorbido por la oposición. Así podemos contribuir tremendamente a las transformaciones sin siquiera acercarnos a nuestro objetivo.

Esto no es dar crédito a que los radicales puedan determinar los sucesos del mundo, sino dar el apunte de que a menudo somos inconscientes de su brecha. Las medidas contra las infinitudes de la historia, todo sistema es infinitesimal – pero todas las nociones de la teoría política presumen de que es aún posible utilizar el sistema con conciencia.

Cuando trazamos la estrategia de las campañas individuales, debemos tener en cuenta no hacer demandas que puedan ser diluidas por reformas parciales, que no nos neutralicen nuestros opresores simplemente garantizándolas. Algunos ejemplos de programas fácilmente cooptables son tan obvios que es casi vulgar nombrarlos: el fetichismo de la bicicleta, la tecnología “sostenible”, comprar “local” y otras formas de consumo ético, trabajo voluntario para mitigar el sufrimiento causado por el capitalismo global sin oponerse a su raíz.

Pero este fenómeno también puede ocurrir a nivel estructural. Deberíamos mirar las formas que hemos utilizado para un cambio social amplio que podrían realizarse sin romper los cimientos del capitalismo y de la jerarquía – para que la próxima vez nuestros esfuerzos puedan sacarnos del camino.

El hoy debe convertirse en una línea de salida de un mundo en colapso. 

No trabajar – ¿Funcionó?

La provocación definitoria de nuestros primeros años era tomar literalmente el dicho situacionista de no trabajar nunca. Unxs cuantxs de nosotrxs decidimos probarlo en nuestro propio pellejo a ver si esto era posible. Esta bravata mostró toda la genialidad de una juventud sin tutor y todos sus peligros. Aunque incontables más han andado este camino antes, para nosotrxs era como cuando lanzaron los primeros primates la espacio. En cualquier caso, estábamos haciendo algo, tomándonos los sueños de la revolución en serio, como un proyecto que podíamos iniciar en nuestra propia vida inmediatamente, con – como solíamos decir – un desdén aristocrático por las consecuencias.

Es tentador descartar esto como una mera performance artística. Aún tenemos que comprender que fue un temprano intento de responder la pregunta que aún subyace en lxs posibles revolucionarixs de los EE.UU. y la Europa occidental: ¿Qué puede interrumpir nuestra obediencia? Lxs insurreccionistas contemporánexs están intentando responder esta pregunta ahora, aunque las respuestas que muchxs han ofrecido son igualmente limitadas. Por sí mismxs, ni el desempleo voluntario ni el vandalismo gratuito parecen capaces de introducir a la sociedad en una situación revolucionaria [2]. A pesar de todo, seguimos con nuestra idea inicial de que será una nueva forma de vida la que lleve a esta situación; no es cosa de meter horas en las mismas viejas tareas. La fábrica esencial de nuestra sociedad – el muro que está entre nosotrxs y el otro mundo – está por encima del buen comportamiento del explotado y el excluido.

En una década, la historia probó que nuestro experimento era obsoleto, garantizando perversamente nuestra petición de ser una clase desempleada. Las tasas de desempleo de los EE.UU., que se decía que eran del 4% en el año 2000, habían llegado al 10% a finales de 2009 – sólo contando la gente que estaba buscando trabajo activamente. El exceso de la sociedad de consumo ofrecía para lxs marginales un cierto margen de error; la crisis económica erosionó éste y le dio el grado decididamente de involuntario al desempleo.

Parece que el capitalismo ya no tiene más utilidad para nosotrxs que la que tenemos nosotrxs para él. No sólo vale esto para lxs anarquistas auto-marginalizadxs, sino para millones de trabajadorxs en los EE.UU. A pesar de la crisis económica, las principales compañías están reportando actualmente enormes ganancias – pero en vez de utilizar estos beneficios para contratar nuevos empleados, están invirtiendo en mercados extranjeros, utilizando la tecnología para reducir sus necesidades de empleos, y pagando dividendos a sus accionistas. Lo que es bueno para General Motors no es bueno para el país en absoluto [3]; las compañías con más beneficios en los EE.UU. ahora mismo están enviando tanto la producción como el consumo a los “mercados en desarrollo” de ultramar.

En este contexto, la cultura dropout, la cultura auto-marginalizadora, parece como un programa voluntario de austeridad; es conveniente para los ricos que rechacemos el materialismo consumista, ya que no hay bastante todos de todas formas. A finales del siglo XX, cuando la mayoría de la gente se identificaba con sus trabajos, al renunciar a ver el empleo como una auto-realización se expresaba un rechazo de los valores capitalistas. Ahora el empleo errático y la identificación con actividades de ocio en vez de con la carrera profesional de unx son normales en una posición económica en vez de una posición política.

El capitalismo también está incorporando nuestra afirmación de que la gente debería actuar de acuerdo con su conciencia en vez de actuar por un salario. En una economía llena de oportunidades para vender tu trabajo, tiene sentido dar énfasis a la importancia de otras motivaciones para una actividad; en una economía precaria, querer trabajar gratis tiene implicaciones diferentes. El estado cada vez más tiene la misma ética do-it-yourself que una vez animaba al punk underground para sobrellevar los efectos del capitalismo. Es más barato dejar que los ambientalistas se ofrezcan a limpiar el derrame de petróleo de BP que pagar a gente para que haga esto, por ejemplo. Lo mismo va por Food Not Bombs si es tratado como un programa de caridad en vez de otra forma de estableer flujos subversitos de recursos y camaradería.

Hoy el reto no es convencer a la gente para que venda su trabajo, sino para demostrar cómo una clase redundante puede sobrevivir y resisitir. El desempleo lo tenemos en abundancia – necesitamos interrumpir los procesos que producen pobreza.



Nuevas tecnologías, estrategias desfasadas

En la segunda mitad del siglo XX, los radicales estaban metidos en enclaves subculturales desde los que lanzaban ataques a la sociedad general. La llamada a un desempleo confrontacional presumía de un contexto de espacios contraculturales existentes en los que la gente podía dedicarse a otra cosa.

El paisaje cultural es diferente hoy en día; la propia subcultura parece funcionar de forma diferente. Gracias a las nuevas tecnologías de comunicación se desarrolla y extiende mucho más rápido, y es reemplazada igual de rápido. El punk rock, por ejemplo, ya no es una sociedad secreta a la que estudiantes de instituto eran iniciadxs por sus compas de clase mediante cintas de cassette. Aún está generado por sus participantes, pero ahora como mercado consumista intermediado por caminos impersonales como los mensajes de un foro y las descargas. No sorprende que la gente sea menos comprometida: tan fácil como la descubrieron, se pueden ir a otra cosa. En un mundo compuesto de información, la subcultura ya no aparece desde fuera de la sociedad, indicando una posible línea de escapada, sino desde una de las muchas zonas de dentro de ella misma, una simple cuestión de gustos.

Mientras tanto, internet ha transformado el anonimato desde una cosa de delincuentes y anarquistas en una característica de la comunicación diaria. Por eso inesperadamente también fija las identidades y posiciones políticas en un lugar según una nueva lógica. El paisaje del discurso político está mapeado por adelantado por las URLs; es difícil producir una mitología de poder y transformaciones colectivas cuando todos los slóganes están situados en una constelación conocida. Un cartel en una pared podría haber sido pegado por cualquiera; parece indicar un sentimiento general, incluso aunque sólo represente las ideas de una persona. Una frase en una web, por otro lado, aparece en un mundo permanentemente segregado en ghettos ideológicos. El mito de CrimethInc. como clandestinidad descentralizada en la que todo el mundo podría participar inspiró bastante actividad hasta que la topografía de internet lentamente concentró la atención en una sola página web.

Así que la internet ha cumplido y conformado simultáneamente el potencial obsoleto que vimos en la subcultura y el anonimato. Se podría decir lo mismo de nuestra apología del plagio; hace una década pensábamos que estábamos tomando una posición extrema contra los derechos de autor y la propiedad intelectual cuando de hecho estábamos poco más allá. Las semanas que pasamos peinando bibliotecas para coger imágenes para reutilizar preconizaban un mundo en el que prácticamente todo el mundo hace lo mismo con Google Image Search para sus blogs. Las nociones convencionales de los derechos de autor están siendo sobrepasadas por nuevas formas de producción, como el crowdsourcing, que apunta a un posible futuro en el que el trabajo voluntario libre será una parte importante de la economía – como parte del capitalismo en vez de en su oposición.

Aquí llegamos a las formas más perniciosas por las que nuestros deseos se han cumplido en su forma en vez de en su contenido. La distribución libre y gratuita, una vez pensada para demostrar una alternativa radical a los modelos capitalistas, es ahora básica en esta sociedad en la que los medios de producción material aún son rehenes de los capitalistas [4]. Los formatos electrónicos se prestaban a la distribución libre de información; esto fuerza quienes producen material en formatos como periódicos a regalarlos también, o salir del negocio – para ser reemplazados por blogueros felices de trabajar gratis. Mientras tanto, la comida, la vivienda y otras necesidades son tan caras como siempre. Esta situación ofrece una cierta cantidad de acceso a lxs desposeídxs mientras beneficia a quienes controlan ya los grandes recursos; es perfecto en una era de alto desempleo en el que será necesario aplacar el sin-empleo y hacer uso de él. Implica un futuro en el que la élite rica utilizará el trabajo gratis desde un vasto cuerpo de trabajadores precarios y desempleados para mantener su poder y su dependencia.

Lo más horrible es que este trabajo gratuito será absolutamente voluntario, y aparecerá como beneficioso para el público general antes que para su élite.

Quizás la contradicción central de nuestra era es que las nuevas tecnologías y las formas sociales horizontalicen la producción y distribución de información, pero nos hacen más dependientes de los productos corporativos.



Descentralizando la jerarquía: Participación como subyugación


En los 1990s, lxs anarquistas, hacían bandera de la participación, la descentralización y la acción individual. Hechos en nuestras experiencias en la contracultura do-it-yourself, ayudamos a popularizar el modelo viral en el que un formato desarrollado en un contexto podría ser reproducido a nivel global. Ejemplificados en programas como Food Not Bombs y tácticas como el Black Bloc, se expandió una particular cultura anti-autoritaria desde Nueva York a Nueva Zelanda.

A la vez estábamos respondiendo tanto a las limitaciones de los modelos políticos y tecnológicos del siglo anterior como a las oportunidades emergentes para trascenderlos. Esto nos puso cerca del meollo de las innovaciones que reformulaban la sociedad capitalista. Por ejemplo, TXTmob, el programa de mensajes SMS desarrollado por el Institute for Applied Autonomy, para las protestas contra las convenciones demócrata y republicana, sirvió de modelo para Twitter. De la misma forma, se pueden interpretar las redes de cultura underground do-it-yourself, fomalizadas en manuales como Book Your Own Fucking Life, como precursores del Myspace y el Facebook, mientras que el modelo viral es más conocido mediante el marketing viral.

Así que la cultura del consumo nos ha atrapado, integrando nuestros intentos de huida en el mantenimiento del espectáculo que rechazábamos y ofreciendo a todo el mundo la oportunidad de “escapar” también. Aburrido por la programación de televisión unidireccional, el consumidor moderno puede hacer su propia programación, estando igualmente a distancia tanto física como emocionalmente de sus compañeros televidentes. Nuestros deseos de más autonomía y participación se han garantizado, pero dentro de un marco que está fundamentalmente determinado por el capitalismo. La demanda de que todo el mundo sea sujeto en vez de objeto se ha cumplido: ahora somos sujetos que administramos nuestra propia alienación, cumpliendo el dictado situacionista de que el espectáculo no sólo el mundo de las apariencias sino un sistema social en el que los seres humanos solo interactúan dentro de roles predeterminados [5].

Incluso los fascistas intentan entrar en esto de la descentralización y la autonomía. En Europa, los “Nazionalistas Autónomos” se han apropiado de la estética y los formatos radicales, utilizando una retórica anticapitalista y tácticas de black block. No es simplemente una cuestión de que nuestros enemigos intenten disfrazarse de nosotrxs, aunque ciertamente embarra las aguas: también denota un cisma ideológico en los círculos fascistas en tanto que la generación más joven intenta actualizar sus modelos organizativos para el siglo XXI. Los fascistas en los EE.UU.y en otras partes están involucrados en el mismo proyecto bajo el paradójico título de “Anarquismo nacionalista”; si tienen éxito en convencer a la opinión pública de que el anarquismo es una forma de fascismo, nuestras perspectivas de verdad estarán complicadas.


“Nazionalistas autónomos” (Por favor, que alguien saque a estos idiotas de nuestras miserias!)

¿Qué significa que los fascistas, los mayores defensores de la jerarquía, puedan utilizar las estructuras descentralizadas que pregonamos? El siglo XX nos enseña las consecuencias de utilizar medios jerárquicos para perseguir fines supuestamente no-jerárquicos. El siglo XXI puede que nos enseñe cómo con medios no-jerárquicos se consigan fines jerárquicos.

Extrapolando de estos desarrollos y de otros, podemos hacer la hipótesis de que nos movemos hacia una situación en la que los cimientos de la sociedad jerárquica no serán una permanente centralización del poder, sino la estandarización de ciertas formas de desempoderación de la socialización, de la toma de decisiones y de los valores. Parece extenderse espontáneamente, aunque de hecho solo parece deseable porque lo que está ausente en el contexto social se nos impone.

Pero--- ¿jerarquías descentralizadas? Esto suena a diálogo Zen. La jerarquía es la concentración del poder en manos de unos pocos, ¿cómo puede ser descentralizada?

Para que esto tenga sentido, volvamos a la concepción de Foucault del panóptico. Jeremy Bentham diseñó el panóptico como un modelo para hacer las cárceles y los lugares de trabajo más eficaces; es un edificio circular en el que todas las habitaciones se abren hacia un patio, para que puedan verse desde una torre de observación central. Lxs internxs no pueden ver lo que pasa en la torre, pero saben que pueden ser obervadxs en cualquier momento, para que internalicen esta vigilancia y control. En una palabra, el poder nos ve sin mirar, mientras que lxs observadxs miran sin ver.


Panóptico

En el panóptico, el poder ya se basa en la periferia en vez de en el centro, ya que el control es principalmente mantenido por lxs propixs internxs [6]. Lxs trabajadorxs compiten para ser capitalistas en vez de para crear una causa común como clase; lxs fascistas promueven relaciones de opresión de forma autónoma, sin un estado por encima. La dominación no se impone desde arriba sino que es una función de la participación misma.

Simplemente para participar en la sociedad debemos aceptar la mediación de las estructuras determinadas por las fuerzas fuera de nuestro control. Por ejemplo, nuestras amistades cada vez pasan más a través del Facebook, los teléfonos móviles, y otra tecnología que mapean nuestras actividades y relaciones para las corporaciones así como para la inteligencia del gobierno; estos formatos también conforman el contenido de la propia amistad. Lo mismo va para nuestra actividad económica: en vez de la simple pobreza, lo que tenemos son hipotecas y créditos – no somos una clase sin propiedad, sino una clase dirigida por la deuda. Y una vez más, todo esto es visto como voluntario, o incluso como un “progreso”.

¿Cómo es resistir en en este contexto? Todo parecía mucho más fácil en 1917 cuando lxs proletarixs del mundo soñaban con tomar el Palacio de Invierno. Dos generaciones más tarde, lo equivalente parece ser tomar los estudios centrales de la televisión; esta fantasía reapareció en una película de acción de Hollywood en 2005. Ahora, es cada vez más obvio que el capitalismo global no tiene un centro, un corazón a donde dirigir la estaca.

De hecho, este desarrollo es una bendición para lxs anarquistas, ya que cierra las formas de lucha de arriba-abajo. Ya no hay atajos, ni excusas para tomarlos – ya no habrá más dictaduras “provisionales”. Las revoluciones autoritarias del siglo XX han sido dejadas atrás para siempre; si la revuelta tiene que estallar, las prácticas anarquistas se expandirán.

Algunos han dicho que en ausencia de un centro, cuando el mencionado virus es mucho más peligroso que el ataque frontal, la tarea ya no es elegir el objetivo correcto sino la de popularizar la nueva forma de luchar. Esto aún no ha ocurrido, quizás porque es simplemente que lxs anarquistas aún no han desarrollado una forma de hacer que le parezca a los demás práctica. Cuando demostremos soluciones concretas a los problemas propuestos por el desastre capitalista, quizás éstas serán seguidas.

Pero esto tiene truco. Estas soluciones tienen que resonar más allá de cualquier subcultura particular en una era en la que cualquier innovación genera instantáneamente y es contenida por una subcultura. De alguna manera tienen que rechazar e interrumpir las formas de participación esenciales para mantener el orden, tanto el predicado sobre la integración como el predicado sobre la marginación. Tienen que garantizar a la gente inmediatamente sus necesidades a la vez que levantar deseos insurgentes que lleven a otro sitio. Y si adelantamos soluciones que no vayan a la causa de nuestros problemas – como hicimos hace una década – solamente estaremos vacunando al orden establecido contra la resistencia de esta generación.

Cuando se trata de soluciones contagiosas, quizás los disturbios en Grecia del 2008, durante los que todos los bancos fueron incendiados, fueron menos importantes que las prácticas diarias en Grecia de okupación de edificios, y la toma y redistribución de alimentos, y sacarlos públicamente fuera de la lógica del comercio. O quizás los disturbios fueron igualmente importantes: no sólo como un ataque material al enemigo, sino como un festival que afirma una radicalidad diferente de ser.


Desestabilización de la sociedad: doble o nada

En los 1990s, el capitalismo parecía eminentemente estable, sino inasible. Lxs anarquistas fantaseábamos con disturbios, catástrofes, y colapsos industriales precisamente porque parecían imposibles y porque, en su ausencia, parecían que sólo podían ser una cosa buena.

Todo esto cambió comenzando en septiembre de 2001. Una década más tarde, las crisis y las catástrofes son demasiado familiares. La noción de que el mundo está llegando a su fin es prácticamente banal; ¿quién no ha leído un informe sobre el cambio climático y se ha encogido de hombros? El imperio capitalista está obviamente sobreextendido y pocos aún creen que vaya a durar para siempre. Por ahora, sin embargo, parece ser capaz de utilizar estas catátrofes para consolidad su control, pasando los costos a lxs oprimidxs. [7]

En tanto que la globalización intensitica la distancia entre las clases, algunos desniveles entre naciones parecen estarse igualando. Las estructuras de apoyo social en Europa y en los EE.UU. están siendo desmanteladas en tanto que el crecimiento económico se va a China y la India; los Guardias Nacionales que sirvieron en Iraq están siendo desplegados en los EE.UU. para mantener el orden durante las protestas de las cumbres y los desastres naturales. Esto va en línea de la tendencia general desde las jerarquías estáticas y espaciales hacia nuevos medios de mantener las desigualdades dinámicos y descentralizados. En este nuevo contexto, las nociones del siglo XX sobre el privilegio y la identidad son cada vez más simplistas.

Nuestros enemigos de la Derecha ya han movilizado su reacción contra la era de la globalización y la descentralización. Lo podemos ver a través de los Tea Party en los EE.UU. y en los movimientos nacionalistas de toda Europa y en el fundamentalismo religioso en todo el mundo. Mientras que Europa occidental se ha aglomerado en torno a la Unión Europea, Europa del Este se ha balcanizado en decenas de naciones-estado que dejan a los fascistas capitalizar el descontento popular. El fundamentalismo religioso es un fenómeno comparativamente reciente en Oriente Medio, habiendo tomado el relevo de los fracasados movimientos de “liberación nacional” seculares como reacción exagerada al imperialismo cultural Occidental. Si permitimos que los proponentes de la jerarquía monopolicen la oposición al orden establecido, lxs anarquistas simplemente desapareceremos de la historia.

Otros ya han desaparecido de la misma. Según las clases medias son erosionadas en Europa [8], los partidos de izquierda tradicional van muriendo con ella, y los partidos de derechas están tomando el terreno que pierden.

Si la Izquierda continúa cayendo en su extinción, el anarquismo será lo único que quede en pie para lxs radicales [9]. Esto abrirá un espacio en el que podemos hacer causa común para todxs lxs que hayan perdido la fe en los partidos políticos. ¿Pero estamos preparadxs para combatir contra el capitalismo global por nosotrxs mismxs, sin aliados? Escalar el conflicto es una apuesta: en cuanto atraigamos la atención del estado, tenemos que jugar a doble o nada, intentar movilizar lo suficiente el apoyo popular para esquivar el inevitable contraataque. Todos los disturbios tienen que ser seguidos de una campaña mucho más amplia, no de una retirada a la sombra – una dura recomendación de cara a una retirada y a la represión.

Quizás sería mejor si la historia se moviera lo bastante despacio para tener tiempo para construir un movimiento popular masivo. Desgraciadamente no tenemos elección. Preparadxs o no, la inestabilidad que queríamos para nosotrxs está aquí; o cambiamos el mundo o pereceremos con él.

Así que llega el momento de tratar estrategias fundadas sobre el estancamiento del status quo. Al mismo tiempo, la crisis nos tiene encerradxs en un presente perpetuo, reaccionando a los continuos estímulos en vez de actuando estratégicamente. En nuestra capacidad actual, poco podemos hacer para mitigar los efectos de las catátrofes capitalistas. Nuestro trabajo es iniciar la reacción en cadena de la revuelta; deberíamos evaluar todo lo que tenemos a esta luz.

En este contexto es más imporante que nunca no vernos a nosotrxs mismxs como lxs protagonistas de la insurrección. El cuerpo social existente de anarquistas en los EE.UU. es lo bastante numeroso como para catalizar levantamientos sociales, pero no lo bastante numeroso como para mantenerlos. Como un compa de Void Network nunca se cansa de decir: “Nosotrxs no hacemos la insurrección. Nosotrxs organizamos; todo el mundo es quien hace la insurrección.”

Este nos pide mucho de nosotrxs mismxs. Diez mil anarquistas queriendo llegar tan lejos como Enric Duran, el santo patrón de los morosos, podría ser una fuerza real, que tome recursos para crear infraestructuras alternativas y haciendo un ejemplo público de desobediencia que se extienda lejos y mucho [10]. Esto traería el “dropping out” (la auto-marginación) a una nueva era. Es aterrorizador imaginar llegar tan lejos – pero en un mundo en colapso, el terror nos espera tomemos el camino que tomemos.

Todx la/el que haya participado en un black block sabe que lo más seguro es estar en el frente. Doble o nada. 


Devuelve el golpe. Combate la paz social 

Conclusión: los placeres prohibidos

Basta de estrategias. Había una exigencia de Days of War, Nights of Love que no puede cumplirse en ninguna forma dentro del capitalismo: la idea de que la vida inmediata puede ser intensa y gozosa. Expresamos esto en nuestra concepción de resistencia como aventurerxs romántics capaces de cumplir todos los deseos producidos pero nunca consumados por la sociedad de consumo. A pesar de todas las tribulaciones y los corazones rotos de la década pasada, este reto aún se muestra como la esperanza en el fondo de la caja de Pandora.

Seguimos teniendo esta exigencia. No nos resistimos simplemente a nuestra obligación o hábito o a la sed de venganza, sino porque queremos vivir plenamente, realizar la mayoría de nuestro potencial sin límite. Somos revolucionarixs anarquistas porque parece que no hay forma de encontrar qué significa esto sin al menos alguna lucha.

A pesar de tantos momentos duros que pueda conllevar, nuestra lucha es una persecución de la felicidad – para ser más precisxs, es una forma de generar nuevas formas de gozo. Si perdemos de vista esto, nadie se nos unirá, ni deberían. Divertirnos no es simplemente algo que debamos convertir en estratégico, para ganar adeptxs; es una indicación infalibe de si tenemos o no algo que ofrecer.

Mientras la austeridad se convierte en la palabra fetiche de nuestros dominantes, los placeres disponibles en el mercado serán cada vez más artificiales. La ida hacia la realidad virtual es prácticamente una admisión de que la vida real no – y no puede – cumplirse. Debemos probar, descubriendo los placeres prohibidos, que apunten a otro mundo.

Irónicamente, hace diez años esta petición sensata fue el aspecto más controvertido de nuestro programa. Nada pone a la gente más a la defensiva que una sugerencia de que pueden y deben divertirse: esto dispara toda su vergüenza cuando fracasan en hacerlo, todo su resentimiento hacia quien creen que deben de estar monopolizando el placer, y destaca un nuevo puritanismo además.

En Fragments of an Anarchist Anthropology [pdf], David Graeber especulaba que:

Si alguien quiere inspirar un odio étnico, la forma más fácil es concentrarse en las formas raras y perseverar en las que el otro grupo asume la persecución del placer. Si alguien quiere enfatizar la concordancia, las similitudes con este grupo, la forma más fácil es señalar que también sienten dolor.

Esta fórmula le es trágicamente familar a cualquiera que haya visto a lxs radicales caricaturizarse unxs a otrxs. Declarar que has experimentando un placer celestial – especialmente en algo que viola realmente el régimen de control, como robar en una tienda o combatir a la policía – es una invitación a que lxs demás te desprecien. Y quizás esta fórmula también explique porqué lxs anarquistas puedan unirse cuando el estado asesina a Brad Will o a Alexis Grigoropoulos pero no podamos dejar a un lado nuestras diferencias para luchar igualmente con fiereza por lo vivo.

La muerte nos moviliza, nos cataliza. Lo que nos recuerda a nuestra propia mortalidad nos libera, nos permite actuar sin miedo – por eso más aterrorizador que la posibilidad de que podamos vivir nuestros sueños, es algo que esté verdaderamente amenazando nuestras vidas. Si sólo supiéramos que el mundo se estuviera acabando, seríamos capaces de arriesgarlo todo – no sólo porque no tendríamos nada que perder, sino porque no tendríamos ya nada que ganar.

Pero si queremos ser anarquistas, tenemos que asumir la posibilidad de que nuestros sueños pueden hacerse realidad – y luchar de acuerdo a ellos. Vamos a tener que elegir la vida sobre la muerte de una vez, el placer sobre el dolor. Vamos a tener que comenzar.