#Yonovoto




Pase lo que pase, seguimos en las calles

El tiempo vuela y mayo nos trae, en gran parte del Estado, las elecciones autonómicas y municipales, tema recurrente de esta publicación y del panorama mediático en general.

La novedad de esta edición la traen los partidos nuevos que vienen a tratar de sustituir a los viejos, cada vez más salpicados por distintos escándalos económicos y chanchullos varios, que percibimos como más sangrantes en el contexto actual de crisis económica.

Hemos hablado largo y tendido de varios de estos desfalcos, hacemos una campaña constante en contra de estos/as personajes y sus tejemanejes encaminados a enriquecerse a costa de lo que toque; sanidad, educación, o lo que sea.
¿Haremos entonces campaña, por fin, para darle una oportunidad a quienes vienen empujando fuerte por el “cambio” desde hace unos meses? Seguramente ya te lo imagines, sobre todo por el título del artículo que abre esta edición… Pero si te pica la curiosidad, pasa de página y sigue leyendo.

la lucha es el único camino

Llevamos tiempo ya postergando escribir y publicar este artículo. Pretendíamos que fuera fruto de un debate intenso
entre los/as miembros del colectivo, no tanto de cara a lograr el consenso en cada opinión reflejada, sino para tratar de tocar todos los puntos que despiertan distintas sensaciones en nosotros/as: recelo, frustración, desconcierto, abatimiento, etc.

Parece que todo lo que tiene que ver con Podemos (y cuando nos referimos a este partido, lo hacemos también extensivo a todas las formaciones similares como Ganemos, Ahora Madrid, Guanyem Barcelona, etc.) nos causa malos sentimientos y en parte es así, posiblemente porque el discurso que queremos vertebrar es verdaderamente complicado. Queremos decir algo que sea interesante y empuje a la reflexión, sin caer en tópicos ni argumentos largamente repetidos y, muchas veces, huecos.

Nos gustaría hacer un análisis de la realidad, semejante a aquel que publicamos sobre Grecia hace unos meses (véase “Syriza a las puertas”, en el número de marzo de 2015 www.todoporhacer.org/syriza-a-las-puertas), pero asentado aquí y, desgraciadamente, se nos queda grande. No por falta de capacidad, seguramente, sino más bien por falta de tiempo.

Personalmente querría contar un cuento, corto, ameno y reflexivo, al estilo de las fábulas pero sin fantasía, situado tal vez en un futuro cercano donde Podemos gobierna y las cosas no cambian tanto cómo algunos/as habían soñado. O quizá situado en la España de los años 80, donde la llegada de la socialdemocracia de la mano  del PSOE parecía traer aires frescos de libertad y bienestar y… de aquellos barros, estos lodos.

Pero ha llegado mayo y a finales de este mes, las elecciones municipales y autonómicas en la mayoría de las autonomías. A pesar de la moto que nos quieran vender, poco o nada hay de nuevo en este camino. La modernidad nos está volviendo algo olvidadizos/as (o prepotentes, cada uno según lo vea), pero no podemos pretender que toda nuestra acción política sea novedosa. Más si cabe, como ya dijo aquel, “todo está inventado”, y nosotros no podemos hacer más que ir perfilando nuestras herramientas a fin de acometer lo mejor posible cada tarea. Los tiempos cambian y es imprescindible adaptarse a las nuevas condiciones (tanto objetivas como subjetivas), mantener rígidos esquemas ideológicos no nos conducen más que aislamiento, eso está claro. Pero tampoco vayamos de lumbreras, no estamos inventando nada, ninguno/a de nosotros/as. Lo cual no quita mérito a nadie. En este sentido, el momento actual es irrepetible, pero como todos, y nos negamos a olvidar que el sendero de las instituciones está mil veces trillado. Una parte importante del movimiento obrero ya apostó al todo o nada en las elecciones, el asalto institucional se ha tratado de dar mil veces, y sus frutos los llevamos recogiendo desde hace más de cien años.

Con esto queremos dejar claro que nuestro posicionamiento es contrario al delegacionismo. Como ya establecimos en nuestro artículo “Como cada cuatro años”, del número 51 de esta publicación (www.todoporhacer.org/como-cada-cuatro-anos), “el problema no es la mala gestión que hacen los/as políticos/as, el problema radica en el concepto mismo de la representación. A través del voto a unos/as representantes (que rara vez representarán nuestros intereses) alimentamos al sistema parlamentario a la vez que delegamos nuestra actividad política. […] Rechazamos esta forma de ‘participación’. Como seres racionales, y hartos/as, como tanta gente, de esta manera de hacer política, decidimos conscientemente ignorar sus convocatorias y tratar de recuperar nuestra propia capacidad de decisión y organización en el día a día, con nuestros/as compañeros/as y vecinos/as, en un plano de igualdad, humildemente y paso a paso”.

A pesar de ello, queremos dejar claro que la ideología no nos nubla la mente, o al menos no lo suficiente, como para, tras todo lo dicho, llegar a la afirmación categórica de todos los partidos políticos son iguales, y como tal debemos tratarlos. Las diferencias existen, y nadie pueda negarlas. Pero qué le vamos a hacer, somos así de sibaritas y no nos conformamos con los pequeños cambios, con pequeños retoques en nuestras vidas que dejan el trasfondo igual. Aunque nuestro día a día mejore sin una Esperanza en tu vida, aunque la mitad de lo que nos prometen algunos se cumpliera, seguiríamos siendo pobres, seguiríamos teniendo que vender nuestra fuerza de trabajo a algún cabrón, la gestión nuestro entorno seguiría lejos de nuestras manos y así un sinfín de aspectos. Es por ello que no nos conformamos con poco.

Si bien Podemos es algo diferente al resto de partidos, tampoco nos dejemos engañar respecto de su naturaleza. Desde su gestación, se nos ha presentado como el partido de los movimientos sociales. Ciertamente, en sus inicios, su lenguaje era el propio del 15-M, pero no ha tardado en evolucionar. Conforme ha avanzado el tiempo y su presencia en los medios, el discurso se ha ido descafeinando y apartando de los movimientos sociales. Así, en los últimos meses hemos podido presenciar actos de la formación loando a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y una deriva socialdemócrata en materia económica. Como escribe Carlos Taibo en un artículo titulado “Sobre Podemos” (enero 2014), “algunos de los promotores de ‘Podemos’ nunca han empleado la palabra autogestión. Sus adhesiones de siempre beben de la idea, pregonada por la socialdemocracia y el sindicalismo de pacto, de que el Estado es una institución que nos protege (o al menos de que tal debe ser su condición). Así las cosas, el grueso de las propuestas que les conozco no rompe el molde keynesiano y hace uso inocultado de las herramientas de siempre -entre ellas la jerarquía y la separación – de la socialdemocracia recién mentada. No deja de producirme desasosiego comprobar cómo muchas personas que declaran rechazar de forma radical lo que significa la socialdemocracia engullen ésta a toda prisa cuando aparece ataviada con colores festivos aparentemente rupturistas y subversivos”.



El último ejemplo de cómo ha variado su discurso lo encontramos en la presentación, llevada a cabo el 5 de mayo,de sus 215 Medidas Económicas, que busca contentar a la mayoría moderada, sabiendo que mientras tanto gozan del voto incondicional de sus bases. Este texto, autodenominado “realista”, renuncia a sus primeras propuestas (denominadas “más radicales”), como la renta básica universal, y arremete con una batería de propuestas dedicadas al “rescate ciudadano” que buscan “aproximar las rentas mínimas de inserción, de forma gradual y en virtud de las posibilidades, al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) anual”.

Lo que Podemos transmite con esto es que importante es ganar, aunque sea preciso renunciar a las ideas originales. El propio Juan Carlos Monedero, miembro fundador de Podemos, criticó unos días antes de dimitir de la directiva de su partido “el contacto permanente con aquello que queremos superar, pues a veces [hace que] nos parezcamos a lo que queremos sustituir” y dijo que “Podemos cae en este tipo de problemas porque deja de tener tiempo para reunirse con un pequeño círculo, porque es más importante un minuto de televisión o es más importante aquello que te suma a la estrategia colectiva”.

El tiempo de reflexión se agota y no creemos que podamos convencer a nadie para evitar la asistencia al colegio electoral ese día, si no lo hemos hecho ya, mes a mes a lo largo de cinco años. Pero insistimos: la abstención electoral nos parece la consecuencia obligada para quien entendió aquello de “el poder corrompe al hombre”, pues entendemos que el verdadero cambio se dará en las calles, con nuestra lucha diaria, no en ningún ayuntamiento.

Sin embargo ante los últimos comicios aquí en Madrid (elecciones europeas) y con las próximas tan cerca, vemos, a veces sorprendidos/as y otras no tanto, cómo algunas de las personas con las que militamos toman la vía del voto y, desgraciadamente, aunque no lo compartamos, lo entendemos.

No porque creamos que Podemos son algún tipo de respuesta, ni siquiera una tirita para nuestros males. Lo entendemos cuando vemos en frente la posibilidad de que la cara visible del poder sea Esperanza Aguirre o Cristina Cifuentes, pero sobre todo lo vemos cuando asumimos que el camino que planteamos desde el anarquismo es inescrutable.

Entendemos que ahora surja la pregunta del millón, ¿y vosotros/as que proponéis entonces? Pregunta jodida, pero entendible. Tanta crítica tiene que venir acompaña de una propuesta de acción, si no, apaga y vámonos. La respuesta, aunque pueda parecer etérea, no es otra que proseguir con las luchas de base, desde abajo, profundizar en los conflictos que ya existen (y los que están por llegar). A fin de cuentas, seguir creciendo como comunidad de lucha, seguir generando experiencia en el trabajo en común. Habrá quien en esto no vea más que un seguir como estamos, más si cabe cuando esta sociedad nos empuja constantemente al inmediatismo, a las soluciones rápidas, al aquí y ahora. Pero no nos engañemos, si queremos cambiar nuestra forma de vida, nuestra forma de de hacer política y de gestionar nuestro devenir, y además queremos hacerlo en base a un sistema participativo, no podemos esperar un cambio de un día para otro.

Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que odiamos este mundo, que cada día suceden cosas (a humanos/as, animales y al medio ambiente) que a veces preferimos ignorar para que no nos partan más el alma, mientras algunos/as se enriquecen del sufrimiento que causan. Porque sabemos a ciencia cierta que la corrupción es prácticamente natural, porque quien tiene algo bueno quiere más y quiere compartirlo con los/as suyos/as y olvidarse de los/as otros/as es fácil. Porque la única forma de que no haya abuso de poder es que ese poder no exista o esté diluido entre todos/as. Llamadnos ingenuos/as, pero aquí estamos y aquí seguiremos, vilipendiados por aquellos/as que temen que esta Idea prenda en los corazones de quien no tiene nada más que su propia vida.

El problema principal al que nos enfrentamos es que cuando alguien se interesa por el anarquismo, apenas tenemos nada a lo que referirnos más allá de algunos momentos históricos concretos. Que prácticamente carecemos de espacios propiamente anarquistas donde la gente pueda acercarse a conocernos. Que negamos a personas “desconocidas” la posibilidad de trabajar con nosotros/as por desconfianza, y por qué negarlo, por la comodidad de estar bien asentados/as en espacios donde prima el amiguismo.

Nuestra propaganda está, muchas veces, alejada de las preocupaciones de la gente, no sólo en contenido sino también en forma y estética. Y sobre todo apenas generamos un discurso serio y bien organizado sobre los problemas que nos asolan: la gestión de la sanidad, de la vivienda o de la educación, aunque sea quizá este último, el que más profundamente se trabaje. Podemos hacer una campaña a nuestro estilo sobre la abstención (activa, eso sí): manifestación, carteles y panfletos. Podemos pintar todos los colegios electorales hablando de corrupción y de la necesidad de la autogestión de nuestras vidas y de la toma de todas las decisiones que nos atañen. Pero a la hora de la verdad, cuando alguien nos pregunte “y entonces, ¿qué?” y sobre todo “¿cómo?” balbucearemos apenas un par de eslóganes y diremos que eso habrá que verlo entre todos/as cuando llegue el momento… Argumentos quizá demasiado parcos para quien tenga sueños más pequeños que los nuestros.Llegados a este punto, creemos conveniente recomendar el artículo “La autocrítica como punto de partida para avanzar”, publicado en el blog de Equilibrismos (www.diagonalperiodico.net/blogs/equilibrismos)

En fin, si has decidido votar, tranquilo/a, no vamos a borrarte como amigo de facebook, sólo te pedimos una cosa: no pierdas nunca la ilusión de conseguir algo mejor. Aunque resulte que Podemos nos mejore la vida… siempre quedará alguien en el mundo que está en la mierda y que se merece que sigamos soñando con un mundo sin clases sociales, donde todos/as seamos iguales, y gestionemos nuestra vida y no nuestra miseria. Ricardo Mella publicó en 1909 un artículo en Solidaridad Obrera titulado “Vota, pero escucha”, el cual termina de la siguiente manera: “¿Quieres cultura, libertad, igualdad, justicia? Pues ve y conquístalas, no quieras que otros vengan a dártelas. La fuerza que tú no tengas, siéndolo todo, no la tendrán unos cuantos, pequeña parte de ti mismo. Ese milagro de la política no se ha realizado nunca, no se realizará jamás. Tu emancipación será tu obra misma, o no te emanciparás en todos los siglos de los siglos”.

Y sí, así terminamos, la parte propositiva de este artículo no es otra que la de siempre, sigue ahí, pues seguimos convencidos/as: la lucha es el único camino.

Por último, nos despedimos recomendando un artículo muy lúcido sobre el papel y la naturaleza de Podemos. Se llama “El tiro por la culata. Nueve tesis sobre el fenómeno Podemos y la crisis civilizatoria”, publicado en el blog www.enfantsperdidos.wordpress.com


http://www.todoporhacer.org/pase-lo-que-pase-seguimos-en-las-calles


Charla/debate #abstenciónactiva


El próximo domingo 17 de Mayo - 19:00 h. en Esla EKO, C/Ánade Nº10 <M> Oporto.
Daremos una charla sobre Abstención Activa y tendrá tres ejes básicos:

1 - Breve introducción a los conceptos básicos anarquistas.
2 - ¿Porque los anarquistas no votamos?
3 - Alternativa anarquista al sistema electoralista (Breve introducción al Municipalismo Libertario)




Quema la propaganda electoral





PERMANECE A(BS)TENTO AL ESPECTÁCULO


Manifiesto por la abstención activa

En pocos momentos de la historia los políticos profesionales han estado más desprestigiados que en la actualidad; sus corrupciones, abusos y desprecio hacia aquellas gentes que los han elegido son hoy más evidentes que en cualquier otra época. Sin embargo, la ciudadanía acepta con resignación estos hechos y a cada llamada acude sumisa a las urnas, sabiendo que nada va a cambiar y que ningún representante de los que salgan elegidos va a cumplir sus promesas.
Ha sido tan profunda y constante la labor del sistema para convencernos de la necesidad de los gobernantes, que el personal prefiere seguir manteniendo la farsa de las elecciones, antes que romper con la tradición y buscar auténticas vías de participación y fórmulas solidarias de avanzar hacia una sociedad libre y justa.

No se trata de cambiar de partido, y luego esperar otros cuatro años para retirarle el voto si, como es natural, nos traiciona. No, de lo que estamos hablando es de cambiar el sistema. El parlamentarismo ha tenido suficiente tiempo para demostrar su eficacia y, en realidad, la ha hecho. Lo que ocurre es que siempre se gobierna en contra de los electores; el poder tiende siempre a perpetuar la injusticia, a perpetuarse. Poco importa que los partidos que ganen las elecciones sean de derechas o de izquierdas, tengan un singlo de historia o acaben de nacer; el resultado inevitablemente será el mismo. 
Y es que quienes gobiernan realmente no son los diputados y senadores; los que detentan el poder real son otras castas que, como los banqueros, militares y empresarios, tienen en sus manos las riendas del mundo, dejando a los políticos el montaje del espectáculo, pero reservándose ellos siempre las decisiones importantes. Por tanto, poco importan los programas de los partidos, si es que los tienen, irremediablemente los abandonarán en cuanto lleguen a las instituciones. 
Votar, en esencia, es renunciar a nuestra capacidad de decidir sobre los asuntos que nos afectan como personas libres, depositando la confianza en una candidatura que gobernará en nuestro nombre, pero sin consultarnos jamás, por lo que la mayoría delas veces se tomarán decisiones contrarias a la voluntad de aquellos que los han elegido.

En contra de lo que se dice, la democracia no es el gobierno de la mayoría, ya que los que no votan suelen ser más numerosos que los que votan a cualquiera de los partidos, y los que lo hacen no deciden absolutamente nada; el partido suplanta la voluntad de la minoría que los ha nombrado, el comité confederal sustituye al partido y la ejecutiva decide por el comité, con lo cual el poder sigue estando en muy pocas manos, y estas manos, lógicamente nunca son inocentes ni están limpias. Es una ilusión pensar que eso ocurre porque no llegan al poder partidos realmente honestos y revolucionarios; pero inevitablemente para ganar las elecciones necesitarían el apoyo del Capital y tendrían que renunciar a su programa para conseguirlo.

El individuo, después de tantos años siendo dirigido, se siento protegido por el Estado y tiene miedo a pensar y actuar libremente, prefiere creer que es mejor lo que hay que la incertidumbre de la duda y el riesgo de tener que decidir. Pero como el ser humano está dotado de inteligencia y sentimientos, se rebela ante la injusticia y la opresión; y esa lucha interior entre el conformismo y al rebeldía es la que tiene sumida a la sociedad de nuestra época en la desesperación y la zozobra.
El Estado, con su principio de autoridad, es una institución ajena a la naturaleza humana, que ni ha existido siempre, ni en todas las culturas. Incluso en una sociedad tan jerarquizada como en la que vivimos, la mayoría de nuestras actividades y relaciones las mantenemos al margen del poder establecido, dándose en la actualidad numerosos ejemplos de autogestión y de economías alternativas. Y si el Estado es una institución contraria a los deseos humanos de libertad e igualdad, nosotros venimos obligados a no colaborar en absoluto con él y a vivir en una permanente desafección al sistema.

Para ello, no tenemos ni queremos disponer de recetas mágicas. Sólo te proponemos que rompas con la sumisa pasividad y allá donde te encuentres: en el barrio, en el aula, en el trabajo, busques a otras personas y te unas a ellas para luchar de la forma más lúdica que encontréis. Declárate, desde hoy mismo, en rebeldía permanente y no dejes que tu vida cotidiana, tus derechos y libertades, tus ilusiones y tus sueños, en manos de los profesionales del ilusionismo.

Cuando, en fin, el Parlamento (o cualquier otra institución de gobierno resultante de esas elecciones) demuestra ser una estúpida farsa, totalmente manipulada y mediatizada por el poder ejecutivo y que sólo consigue hacer bostezar a los leones de la entrada, cuando los cosas se ven así, entonces lo mejor es no participar en la ceremonia de la confusión, lo mejor es no votar(los).

Como los que acampan bajo los puentes húmedos a la entrada de las ciudades. Como los que pudren su locura en los psiquiátricos, como los que purgan su rebeldía tras las rejas del talego, como los hombres-escaparate venidos de África –barato, paisa, barato-, como los que buscan su cena en los contenedores de basura del supermercado o el restaurante, como los inmigrantes que sacan naranja de sol a sol por cuatro duros, como todos esos y muchos más que nos callamos, nosotros; no votamos a nuestros dominadores. ¡Queremos decidirlo todo!

ATENEO LIBERTARIO AL MARGEN
Valencia, 1989 / 2015

Municipalismo ¿urnas o autogestión?



En el quinto programa de RojoynegroTV debatimos sobre Municipalismo, Autogestión y Democracia Directa.

Presenta: Adriana Castizo. 

Participan: José Luís Carretero, Jordi Martí Font, Antonio Pérez Collado y Óscar García Jurado.

¿Son la urnas una solución a los problemas de la gente?
¿Los trabajadores son una herramienta electoral?
La mayoría de las ciudadanas encuestadas en este programa prefieren convivir en una democracia directa autogestionada, pero no saben como poder llegar a ello.


L@s abstencionistas son el coco




Se acercan nuevas elecciones y con ello empiezo a ver y oír por parte de muchas personas juicios de valor sobre la elección libre y legitima de no votar. A menudo me he sentido en estos periodos como en una caza de brujas. Las elecciones consiguen crear un debate público en el que parece que toda persona se siente libre de repartir patentes de demócratas.

Este tema me resulta especialmente molesto cuando me siento cuestionado por personas que no me conocen de nada o, por otro lado (y además), no las he visto en ninguna asamblea, movimiento social, pertenencia a colectivos sociales o asociaciones… Pero aún asi, nos intentar hacer ver a los que hemos decidido llevar un proyecto de vida donde nuestras acciones en el día a día buscan un cambio político permanente la importancia de voto. No voy a caer en la misma trampa acusadora de la que me defiendo acusando de forma generalizada a todas esas personas diciendo que su única implicación política es votar cada cuatro años, habrá de todo. Pero sí quiero hacer constar la contradicción que supone generar momentos de preocupación política exageradas pero puntuales, mientras tengo la firme convicción que la única política transformadora es aquella que genera una implicación de la ciudadanía en su entorno más cercano de forma permanente.

Dos son las acusaciones más repetidas:

La abstención beneficia a la “derecha” o, para quienes no se mojan tanto, a la mayoría.
La “derecha” esta unida mientras que la “izquierda” esta dividida.
Este tema da para lo suyo y es lo suficientemente complejo como para que afirmaciones tan generales y simples sean ciertas. Tanto el beneficio de la derecha con la abstención como el voto dividido de la izquierda son falsos.

Mito 1: la abstención beneficia a la “derecha”
Con respecto a la abstención sólo influye a favor o en contra de partidos concretos en la medida que ese “voto ausente” no vaya a ese supuesto partido al cual podría haberse votado. Si creemos que con la abstención es sólo la izquierda la perjudicada, ¿estaría mejor entonces que una persona que se abstiene votase a la derecha?

Supongo que este pensamiento generalizado por parte de muchas personas de “izquierdas” se debe a la creencia de que quienes no votan son de izquierdas. Pero yo me pregunto si la derecha no piensa lo mismo. No creo que haya una sola derecha. En cualquier caso son afirmaciones que se han repetido hasta la saciedad y se han interiorizado tanto que pasamos también a reproducir este tipo de afirmaciones sin haber realizado antes un ejercicio de (auto)crítica. ¿O alguien ha llegado a esta conclusión por si mism@ tras realizar su propio análisis?

Materialmente hablando, si hubiera que demostrar con cifras la influencia de la abstención en las opciones de voto, el beneficio más palpable es la reducción de la barrera electoral que se establece en base a los votos emitidos. Por lo tanto, los beneficiarios más directos de la abstención son los partidos minoritarios, principal perjudicados con el sistema electoral. Actualmente existen en Internet múltiples análisis y explicaciones de la Ley D´hont que nos ayudará a entender como funciona el sistema electoral español, por ejemplo:  Explicación Ley D´hont y análisis crítico en Transformando Getafe.

Mito 2: La derecha esta unida
Actualmente hay registrados más de 4.600 partidos políticos en España. Para las próximas elecciones, en concreto, se presentan 4.681 partidos repartidos por todo el territorio español. Hay para todos los colores y matices. Sin necesidad e hacer un análisis exhaustivo comparto los partidos que yo conozco y catalogaría de “derechas” y de “izquierdas” según el ideario de mucha gente (los propios partidos si se les preguntará no usarían estos términos, y yo mismo, seguramente tampoco me ceñiría a estos adjetivos y hablaría también de partidos más o menos neoliberales):

Partidos de “derechas”

Partido Popular
Ciudadan´s
Falange auténtica
Falange Española
Falange 2000 (si, !tres partidos de la Falange!)
Vox
Familia y Vida

Partidos de “izquierda”

Izquierda Unida.
Equo
Podemos
Las diversas iniciativas de Ganemos u otros nombres que surgen de estas iniciativas de confluencia.

Si tuviera que extraer una conclusión actual me atrevería a asegurar que hay tanta división en los partidos de “izquierdas” como de “derechas”. Más aún, de las diversas iniciativas de confluencia política electoral que han surgido a raíz de las candidaturas ciudadanas, a pesar de haber supuesto una confluencia parcial por las personas y partidos que han decidido finalmente mantenerse fuera, han conseguido generar (con diversos niveles en función del territorio) niveles de confluencia históricos.

No creo que pensar que este mito es cierto sea constructivo ya que deriva la atención del problema real, un sistema que refuerza el cambio de turno entre partidos de corte neoliberal históricamente posicionados en las cotas de poder y reforzados por el actual sistema electoral. Quienes nos gobiernan no están ahí porque haya una derecha que vote unida en masa. Haciendo un análisis de las últimas elecciones generales podemos ver como el Partido Popular alcanzó la mayoría absoluta con un 30% de apoyo, o dicho de otra forma, por distintos motivos, un 70% de la gente no apoya al Partido Popular.

Defendamos la libertad de elección

Por último, no podemos olvidar que la abstención es una opción igual de democrática que cualquier otra. Sin embargo ¿estamos defendiendo la democracia a través de la defensa de los valores que supuestamente representa? 


http://pedernal.org/lacortinadehumo/ls-abstencionistas-son-el-coco/


Ley D’Hondt, abstención y voto en blanco. Algo de matemáticas y ejemplos prácticos


Ley D’Hondt, abstención y voto en blanco. Algo de matemáticas y ejemplos prácticos.

Estoy ya cansado de escuchar las mismas historias y los mismos mantras repetidos desde hace más de 20 años que empecé a pelear contra este régimen partidocrático. Mentiras y verdades a medias que se repiten una y otra vez y que sólo contribuyen a mantener la farsa que supone este régimen de poder que padecemos, heredero directo del franquismo, desde hace más de 35 años.

La Ley D’Hondt es una de las mayores infamias que se han cometido en cuanto a la ley electoral se refiere, ya que al crear un sistema proporcional rompe la primera regla básica de una democracia: una persona, un voto.

Pero no sólo eso, la dichosa ley tiene también repercusiones en las posibles acciones de protesta que se puedan tomar por parte de todos aquellos descontentos con el régimen, y que no se toman las molestias de estudiar a fondo las cuestiones o comienzan a repetir los juicios de valor que otros han emitido previamente. Así que no voy a dedicar otro post a explicar lo que significa la abstención, o el voto en blanco, o el nulo, porque en última instancia es seguirles el juego a todos aquellos que lo único que pretenden es confundir y continuar con la máxima de César: Divide et impera.

En esta página se explica muy bien en qué consiste la Ley D’Hondt: Ley D’Hondt

Y tienen un enlace a un sencillo simulador de la Ley D’Hondt: Simulador Ley D’Hondt

A partir de ahí, me he limitado a crear algunos casos considerando distintas posibilidades para que se pueda ver, con números y de forma clara, lo que implica votar en un sistema trucado (ya sea en blanco o a partidos minoritarios) y la abstención. También conviene aclarar que, como no he considerado cuestiones de distintas circunscripciones, dichos ejemplos se pueden aplicar tanto a las elecciones generales como a las europeas, que también utilizan la Ley D’Hondt considerando el país como una circunscripción única.

He asumido una serie de presupuestos que se aplican a todos los casos:

1º.- Los partidos del 1 al 4 son los mayoritarios del régimen. El 1 y el 2 son los que se suelen repartir el pastel (por ejemplo, PP y PSOE), y el 3 y 4 son otras opciones que cuentan con cierto número alto de votantes (por ejemplo IU o partidos nacionalistas como CiU) y pueden actuar de bisagra en determinadas situaciones, pero que apoyan el régimen salvo por pequeñas puntualizaciones con las que esperan convertirse en 1-2 o bien obtener otro tipo de prebendas.

2º.- Los partidos del 5 al 9 son distintas opciones que pueden surgir como reacción al régimen de poder actual: algunos pueden tener buenas intenciones y otros ser meros oportunistas.

3º.- Los partidos 1 y 2 son intercambiables entre sí respecto al número de votos, es decir, da igual que en un caso se considere que el 1 es PP y el 2 es PSOE, como al contrario. Lo mismo se puede decir de los partidos 3 y 4. Y los partidos del 5 al 9 también son intercambiables, en caso de que se quieran personalizar.

4º.- Los votos perdidos que van a abstención o voto en blanco los he restado de los partidos originales del régimen, es decir, del 1 al 4, ya que los partidos minoritarios, al aparecer como nuevas opciones no sufren de la fuga de descontentos.

5º.- Para no complicar las cosas, en los distintos casos he considerado sólo abstención o sólo voto en blanco, no ambos, para que los efectos se puedan apreciar con más claridad. El que quiera, puede dedicar tiempo a complicarlos todo lo posible con infinitas posibilidades. El voto nulo, a los efectos de cómputo sería igual que una abstención, por lo que tampoco tiene mucho sentido considerarlo.

6º.- Se ha considerado una participación máxima de 250.000 individuos, 100 escaños para repartir, y un 3% de límite para que un partido obtenga escaños.

Aclarados esos puntos, veamos los distintos casos:

Escenario 1: 100% de participación, sin votos en blanco.


En este ejemplo se puede ver cómo los partidos pequeños no tienen nada que hacer. Es una situación inicial, de partida, en la que los dos grandes partidos (1 y 2) monopolizan el 77% de los escaños. Si a a eso se le suman los otros dos partidos bisagra, el 94% de los diputados sostendrán el régimen de forma incondicional.

Escenario 2: 100% de participación, 20% de voto en blanco a costa de los 4 grandes partidos.


Como se observa, no hay muchos cambios, al menos para los dos grandes partidos: el Partido 1 obtiene un escaño más, mientras que los dos partidos bisagra (3 y 4) pierden algunos diputados en favor de los partidos pequeños. Aún así, el 91% de los escaños siguen perteneciendo a los partidos estatales del régimen. Pero, ¿qué pasaría si ese 20% de votos en blanco hubiera sido de abstención?

Escenario 3: 80% de participación, 20% de abstención a costa de los 4 grandes partidos.


Vaya, mira qué curiosidad: resulta que con un 20% de abstención (sin votos en blanco), los pequeños partidos salen más beneficiados y los grandes empiezan a perder algo de hegemonía, comparado con el caso anterior. En concreto, los dos grandes pierden 3 escaños respecto a la situación original (Escenario 1) y 4 respecto al de los votos en blanco (Escenario 2). Pero aún hay más: la ausencia de votos en blanco hace que el número de votos mínimo para que un partido acceda a tener diputados baje de 7000 en los dos casos anteriores a 6000, con lo que dos partidos más entran en el recuento y se llevan escaños, que restan también a los mayoritarios (Partidos 1-4). En total, con una abstención del 20% resulta que los partidos grandes y bisagra se quedan con un 86% de los diputados, frente al 96% y al 91% de los dos casos previos. Interesante, ¿no? Empieza a cobrar sentido la cantinela de la “participación en la fiesta de la democracia”…

Vayamos ahora a casos más extremos, donde la abstención o el voto en blanco alcancen un 50%.

Escenario 4: 100% de participación, 50% de voto en blanco a costa de los 4 grandes partidos.


Aquí ya se empiezan a ver algunos cambios (aparentemente), pero en realidad el régimen sigue perfectamente sano para los dos grandes: entre el Partido 1 y 2 se siguen repartiendo el 75% de los escaños. La única novedad destacable es que el Partido bisagra 4 desaparece del escenario electoral y se queda sin representación, pero sin duda será inmediatamente sustituido por alguno de los nuevos que accede al poder. Y con un 100% de participación, lo que implica una legitimidad absoluta para hacer y deshacer lo que les venga en gana.

Escenario 5: 50% de participación, 50% de abstención a costa de los 4 grandes partidos.


De nuevo se vuelve a ver un efecto importante: en este caso TODOS los partidos obtienen escaños. La abstención, de nuevo, vuelve a favorecer la entrada de partidos más pequeños, que obtienen escaños a costa de los principales. Aunque, como siempre, los dos principales salen menos perjudicados. Pero sí se consigue un efecto más importante, que los grandes partidos no quieren: no podrán conseguir mayoría absoluta de ninguna forma por sí solos. Por ello, deberán recurrir a coaliciones, posiblemente entre ellos dos, para seguir manteniendo el régimen (sumarían el 62% de los escaños). ¿A nadie le suena esto de algo? Pero hay algo más: sólo el 50% de la población apoya el régimen en este caso, y únicamente el 18% ha votado al partido con más escaños. Esa deslegitimación, acompañada de movilizaciones en la calle y descontento en la población, es la única forma de llevar el régimen a su derribo definitivo.

Las partidocracias europeas y el sistema proporcional con la ley D’Hondt fueron instaurados por los vencedores de la 2ª Guerra Mundial en los países derrotados (Italia y Alemania), con el objetivo de conseguir gobiernos estables a través de mayorías con un porcentaje muy bajo de los votos. Es por ello que siempre suelen existir dos grandes partidos que se reparten el pastel con un porcentaje muy bajo de los votos.

Pensar que el régimen se puede derribar desde dentro es una ilusión, máxime cuando cada vez aparecen más partidos “protesta” y el voto se sigue atomizando más y más. Si al menos surgiera un partido que fuera capaz de aglutinar todo el descontento en un solo punto simple y sencillo de su programa electoral, por ejemplo, la apertura de un proceso de libertad constituyente, quizá podría haber algún resquicio para conseguir algo. Pero lo dudo: dicho partido tendría que ser capaz de vencer la desconfianza natural de todos aquellos que han aborrecido el régimen, además de ser capaz de aglutinar todas las fuerzas reales opositoras a este sistema. Y eso, hoy por hoy, no existe. Lo único que une de verdad a los descontentos es la abstención, la no participación y la no complicidad con el régimen. Todo lo demás son brindis al sol.





ELECCIONES EN EL PAÍS DE LOS BORREGOS

Mucha gente ya lo había advertido.

Los avisos estaban ahí, para quien quisiera leerlos o escucharlos…pero no ha servido de nada.
Al final, ha vuelto a suceder otra vez.
Le han vuelto a tomar el pelo a la población española.
De nuevo, han realizado una genial maniobra de manipulación social.
Una manipulación que, sin embargo, ha sido más que evidente desde sus inicios.
En anteriores artículos ya expusimos nuestras sospechas sobre algunos de los nuevos partidos políticos aparecidos en España, especialmente en los casos de Podemos y Ciudadanos.

Nuestras sospechas no se centraban en los partidos políticos en sí, ni en sus líderes, ni en sus presuntas ideologías.


Desde un cierto punto de vista, la aparición de nuevas alternativas políticas debería ser motivo de celebración en cualquier democracia y más cuando se produce una crisis de confianza en los partidos tradicionales.
Su aparición, pues, podría considerarse como algo lógico y previsible.
Lo que ya no ha sido tan lógico y lo que nos llevó a sospechar, es la excepcional exposición mediática a la que estos partidos han sido sometidos y más concretamente, la promoción televisiva de sus respectivos líderes.
Ha sido una maniobra tan obvia, tan descarada, tan burda y tan excesiva, que parece mentira que la población se haya tragado una píldora como ésta...


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En campaña Mayo 2015





¿Por qué no voto?


¿Será porque un voto no puede recoger mis deseos, mis pensares, mis haceres? ¿Será porque no creo en la representación sino en el empoderamiento personal y colectivo, desde la base, en la base y para la base? ¿Será porque una de mis máximas es la participación activa en la toma de decisiones y en la ejecución de las mismas? ¿Será porque creo en el poder de cada persona y en el que se origina gracias a éste en lo colectivo, un poder basado en parámetros de justicia social, de horizontalidad, de asamblearismo, de respeto?



En la lógica demócrata, esto del no votar hila bastante con argumentos inventados ("¿No sabes que si no votas tu voto va a la mayoría?"), con reproches históricos ("¡Que tú puedas votar hoy, eso que desprecias, se lo debes a la lucha y esfuerzo de muchas personas!") y con juicios gratuitos y prepotentes ("¡No votar es de irresponsable y pasota!").

La persona que practica la abstención activa por convicción política, por lo general, aquella de creencias anarquistas, o simplemente aquella que pasa directamente de ir un domingo concreto a meter un papel en una urna, quizás esté manifestando una renuncia concreta y contundente, la de otorgarle al Estado y al sistema que lo sustenta (¿o es viceversa?) la conformidad para que todo siga siendo como es.

La diana del buen demócrata

Es esta persona la que se convierte en diana común para todo el elenco de demócratas que ven en esto de la representación (en el caso del Estado español) parlamentaria una oportunidad sin igual para cambiar las cosas, diana sobre la que volcar las críticas más altaneras y los comentarios más intolerantes "¿El día de la fiesta de la democracia y tú te quedas en casa?" "¡Luego no te quejes de que no has votado!".

Se han encargado de crear la figura de la persona que no vota como la pasota, si no participas del juego democrático es como si ya no tuvieras ningún derecho a hacer ninguna otra cosa, no estás legitimada ni tan siquiera a elevar una queja. Es más, incluso se diría que tu comportamiento de no votar se puede traducir en no hacer nada nunca.

Pero ¿cómo participar ante semejante panorama? Partidos concebidos como empresas privadas, cargados de ideología, pero sin proyectos que la evidencien más allá del puro neoliberalismo salvaje; programas políticos que se desconocen, que son incumplidos, al igual que las promesas electorales, casi de forma sistemática.

Un imperio de lo neutral, de lo aséptico, de lo de centro, en el que partidos políticamente enfrentados pactan para gobernar, en el que la mayoría absoluta se forma desde unos ínfimos índices de participación sin cuestionarse si es legítimo o no gobernar a nadie con tan poco respaldo.

Un sistema de gobierno central, desconectado de la realidad de las personas, de los barrios, de ciudades y pueblos, de las regiones, de las particularidades de cada zona, que trabaja a lo macro y bajo el criterio de "todo por la pasta", ya sea un gobierno central del Estado, autonómico, provincial o municipal que existe para preservar el Estado del Bienestar y el interés general. ¿Estado de qué, interés de quién? ¿Nadie se pregunta a qué obedece esta creación político-social de los grandes conceptos?

El hecho de que te gobiernen

En esto de la estandarización del discurso de las mentiras que se convierten en lo real, el discurso oficial aclama vencedor al ejercicio del voto para cambiar las cosas frente a confrontaciones directas contra el sistema. Y ha vencido, en lo genérico, en lo macro, y de momento, porque tiene anuladas otras formas de hacer, porque no se reconocen como válidas o porque son calificadas de radicales o de infructuosas. El hecho de que te gobiernen es, en gran medida, responsable de estas anulaciones, de no sentir como propio aquello que te han robado, de no percatarte ni tan siquiera del robo.

Sin embargo, quien no vota como acto político lo hace desde la convicción, en teoría y experiencias, de que el poder no se delega, sino que es algo que le pertenece, que nos pertenece. Que eso de hacer política, que lo político, es algo diferente a lo que nos han contado.

El hecho de que te gobiernen es, en gran medida, responsable de estas anulaciones, de no sentir como propio aquello que te han robado, de no percatarte ni tan siquiera del robo

Sabe de primera mano que si lo desarrolla desde el antiautoritarismo y la horizontalidad puede lograr transformaciones en las que es y se siente partícipe, para acercarse un poquito más a un mundo y sociedad variopintas, de diferencias, de igualdades, de relaciones respetuosas y justas en todos los ámbitos de la vida.

Sabe que ni el activismo ni la forma de participación se realizan a través del ejercicio del voto, cumpliendo como buenas demócratas, delegando sin intervenir más allá de ser las ovejitas del rebaño, opinando si cabe desde el patio de butaca desde el que asistimos a esta cínica representación.

La tiranía del ritmo electoral

Últimamente lo vemos en algunas que han decido involucrarse en esto de las estructuras del sistema empezando por el propio proceso electoral. Cómo han caído en el puro espectáculo, en el ritmo frenético para sumar votos, asumiendo las fórmulas más casposas porque quieren estar donde ellos están ahora, con los mismos formatos, o virando hacia otros lindes, sin crear cismas porque hay un objetivo, y el fin justifica los medios. Y seguimos comprobando que son dinámicas incompatibles, que el ritmo de los procesos electoralistas te desconectan de las calles, de los colectivos, del pulso permanente que hay que mantener entre la realidad más dura y el sistema que la permite y desarrolla.

Por eso, la in-formación, el desarrollo de aptitudes de organización, de debate, de prácticas de asamblearismo, de consensos y de participación, de autonomía y autogestión, son más una exigencia en los tiempos que corren que una necesidad, para lograr esa transformación en lo personal, pero también en nuestro entorno.

Por eso, quienes construimos desde el respeto, la comunicación, la confianza y las premisas de justicia social sin autoridades que nos representen, nos roben o nos mientan, insistimos en nuestro empeño de hacer de otra forma para acercarnos a un mundo más libre, justo y solidario. Eso nos hace primar los medios, los procesos y no el fin en sí mismo, eso nos hace ingobernables, es por eso que no votamos.



Anarquismo y trabajo


JUEVES, 23 de abril, 13h en el hall de la Facultad de Historia UCM 
<Ciudad Universitaria>

Dividido el mundo bajo el capitalismo en dos grandes clases antagónicas, Capital y Trabajo, por su relación con los medios de producción, nos acercaremos a la realidad del anarquismo en las clases trabajadoras desde las primeras sociedades de oficio, hasta sus posteriores evoluciones hacia el anarcosindicalismo, pasando por otras respuestas que se han pretendido dar como el cooperativismo, las sociedades de resistencia, el sindicalismo revolucionario o la autonomía obrera, con el fin siempre de subvertir la sociedad de clases y dar paso al socialismo anárquico y el comunismo libertario como su máxima expresión.


https://juventudeslibertariasmadrid.wordpress.com/2015/04/06/jornadas-perspectivas-libertarias-20-al-24-de-abril-en-ucm/


Como cada cuatro años...


En época de elecciones los/as políticos/as pelean por la atención del/la ciudadano/a porque le necesitan en calidad de votante. Introduciendo nuestra papeleta en la urna renovamos la ficción del pacto social. Si bien la política que se haga en los cuatro años siguientes se llevará a cabo sin tener en cuenta a la inmensa mayoría de la sociedad, sobre sus cabezas y en contra de sus intereses, el momento de las elecciones generales y su repetición periódica es esencial para dotar de legitimidad al sistema representativo. El día de las elecciones –sólo ese día– el pueblo es realmente soberano. Ante esta situación nosotros/as tenemos muy claro qué hacer con esta soberanía: negarnos, así de claro, a seguir sustentando un sistema que necesita nuestra participación simbólica.

Llamamos a la abstención no porque consideremos que el reparto de escaños es injusto (esto es una evidencia), ni porque el Congreso sirve de pantalla de humo que esconde las verdaderas fuentes de poder en nuestra sociedad (que también), ni porque no nos creemos los programas electorales, que incluyen infinidad de promesas pero que poco tienen que ver con las políticas que sufriremos en los cuatro años siguientes (otra evidencia). Todo esto son factores que cabrean a mucha gente, pero son síntomas, no la raíz de la cuestión. Nos abstenemos porque les negamos nuestra participación, y esto principalmente porque creemos en otra forma de hacer política. Si defendemos otra forma de hacer las cosas, asumamos las consecuencias y no nos contentemos con hacer de espectadores/as que cada cuatro años se convierten en árbitros con el poder de expulsar a uno/a de los protagonistas para poner a otro/a. Rechazamos ese rol, que supone entrar en un juego cuyas reglas vienen dictadas por otros/as. Aspiramos a expulsarlos/as a todos/as, derribar las porterías, cambiar las reglas y el terreno de juego.

El problema no es la mala gestión que hacen los/as políticos/as, el problema radica en el concepto mismo de la representación. A través del voto a unos/as representantes (que rara vez representarán nuestros intereses) alimentamos al sistema parlamentario a la vez que delegamos nuestra actividad política en una serie de tecnócratas de partido. Nuestra participación se reduce a acudir a las urnas cada cuatro años no ya para tomar decisiones acerca de asuntos que nos afectan, sino para elegir a quienes decidirán por nosotros/as; para elegir entre una aparente variedad de siglas, todas ellas agrupadas de manera más o menos reconocida bajo el marco del capitalismo y del respeto a sus reglas de juego. Se trata de una relación absolutamente unidireccional: desde las instituciones no se volverá a pedir la participación de la sociedad hasta la siguiente cita electoral. Los intereses que dicen representar los/as políticos/as difícilmente coincidirán con los nuestros y las decisiones adoptadas poco tendrán que ver con la palabrería hueca de los programas electorales.

Rechazamos esta forma de “participación”. Como seres racionales, y hartos/as, como tanta gente, de esta manera de hacer política, decidimos conscientemente ignorar sus convocatorias y tratar de recuperar nuestra propia capacidad de decisión y organización en el día a día, con nuestros/as compañeros/as y vecinos/as, en un plano de igualdad, humildemente y paso a paso. Tomando consciencia de nuestras posibilidades se puede avanzar aquí y ahora, construir un entorno más de acorde con nuestras necesidades y nuestras aspiraciones: nadie como nosotros/as mismos/as para defender nuestros intereses. Si creemos en esta posibilidad rechacemos perpetuar aquello que no nos conviene: “si tenemos asambleas, ¿gobierno para qué?”

La trama: ¿Igualdad política sin igualdad económica?

Que el sistema democrático actual es más que deficiente es un hecho incuestionable, pero la verdadera pregunta es si existe la posibilidad de un sistema político justo bajo un sistema económico injusto, asesino y ecocida cómo el capitalismo. Nuestra respuesta es que no, que bajo cualquier tipo de sistema político, mientras exista el capitalismo no seremos dueños/as de nuestras vidas.

La democracia en la que vivimos lleva desde su nacimiento grabada en sus genes el capitalismo. La Revolución Francesa (acontecimiento que la historia oficial presenta como la salida de una etapa histórica –el Antiguo Régimen- al brillante y justo mundo moderno, en el que la nación en su totalidad toma protagonismo y ejerce la soberanía) fue en realidad la pugna por el poder entre dos clases: (1) la dominante, la feudal, contra la nueva clase social, (2) la incipiente burguesía que ya se había hecho con el poder económico y perseguía el control político.

En España la democracia moderna (obviando las breves experiencias republicanas) llegó con la Transición (otra supuesta victoria para todos/as), momento en que la clase empresarial se deshizo de un régimen político (el franquismo) que le fue muy útil para aplastar a la poderosa clase obrera de principios de siglo pero que ya no era útil y le impedía integrarse en las estructuras capitalistas internacionales como la UE y la OTAN. Esta integración era absolutamente indispensable a partir de los años 1970, durante los cuales el capitalismo global empezó a dar su última gran vuelta de tuerca que iba a introducir la realidad globalizada que hoy padecemos.

elecciones2. Desde la llegada del binomio democracia-capitalismo las condiciones laborales y de vida, los lazos sociales, la solidaridad entre iguales y las organizaciones obreras no han hecho más que degenerarse, puesto que, al reducir la idea de “política” al idealizado y absurdo acto del voto, el interés por la misma desaparecía. Como venimos observando, a la hora de encontrar “salidas” a la crisis, el capitalismo (o “los mercados”, como dicen los/as que tienen miedo de llamar a las cosas por su nombre) tiene herramientas de sobra para manejar gobiernos a su voluntad: lobbies, organizaciones internacionales/supranacionales (FMI, BM, OMC, Banco Central Europeo), medios de comunicación, inversión extranjera, etc.

La fortaleza del capitalismo, que cuenta tan sólo con unos pocos siglos de antigüedad, ha consistido siempre en su flexibilidad o capacidad para adaptarse a distintos escenarios: dictadura, democracia o autarquía. Tras la Segunda Guerra Mundial nuestros/as abuelos/as sucumbieron a los cantos de sirena del Estado del bienestar. Ahora que somos mucho más débiles, precisamente porque nos han hecho perder gran parte de nuestro sentimiento de comunidad, de fuerza, cometeremos el mismo error si nos conformamos con cambiar de collar.

No podemos pensar en las elecciones o la reforma de la democracia como una forma de luchar contra el capital, ya que el aparato estatal ha sido en todas sus formas (feudal, dictatorial, soviética, democrática) la herramienta de los/as poderosos/as para mantener sus privilegios. Cada vez que una lucha se desvía por caminos electoralistas pierde toda su fuerza.

Miedo y asco en el colegio electoral

Las elecciones, esa “herramienta de participación en el proceso democrático”, ya casi están aquí (en esta ocasión, las municipales y autonómicas). Dentro de poco nos invadirá la propaganda de los más diversos partidos políticos, en la calle, en el trabajo, en casa, sea donde sea allí estarán con sus promesas, sus argumentos de peso, sus sesudos análisis de la coyuntura económica y sus recetas pseudomilagrosas; todo para que les demos un cheque en blanco para los próximos cuatro años. Y ahí estamos, en medio de este vendaval publicitario en el que nosotros/as somos meros votos potenciales, meras herramientas para llegar al poder. El debate sobre qué hacer está servido.

Nuestra opción la dejamos clara: la abstención es nuestra respuesta frente a la convocatoria de elecciones, no vamos a participar en el circo que se nos viene encima. Ante esta postura, ante la negativa de votar, surgen críticas, unas más razonables que otras: que el no voto de la clase obrera significa permitir que la derecha más conservadora acceda al poder, que esto empeorará las cosas, se iniciará una persecución contra inmigrantes, se privatizarán la enseñanza y la sanidad, se perderán derechos laborales, y un sinfín más de realidades que sin dejar de ser importantes y seguro ciertas, no difieren en exceso con la realidad que actualmente vivimos. Otras voces, a nuestro parecer menos oportunas, afirman que quien no vota no se posiciona, que poco le importa el panorama político, que no votar supone perder el derecho a la réplica, a quejarse, a manifestar el descontento. Negamos estas afirmaciones, nosotros/as no entendemos la acción política como un derecho, sino como una necesidad. Los derechos van y vienen, se conceden y se rescinden, pero las necesidades nos son propias y sobre todo permanentes, por lo que no nos remitiremos a expresarlas sólo una vez cada cuatro años. Por ello afirmamos que sin lugar a dudas nos interesa el panorama político, nos posicionamos como sujetos activos en su constante devenir, pues es de este panorama del que emanan la mayor parte de los problemas de nuestras vidas cotidianas, entiéndase paro, privatización, exclusión social, represión y es en el día a día cuando, desde la reflexión y la acción colectiva, pretendemos decidir, participar, incidir, cambiar, crear… La abstención a su vez la entendemos como una herramienta de expresión de un descontento hacia la clase política y hacia sus privilegios, hacia su labor de marionetas de un poder que se alza incluso por encima de ellos/as mismos/as, pero del que sacan partido, convirtiéndose en verdugos de su pueblo. Tratamos de negar de esta forma un modo de hacer política que no es real, en donde se dejan al margen de nosotros/as mismos/as nuestras decisiones más cotidianas. No queremos permitir que la acción política continúe lejos de nosotros/as, que se pervierta, que nuestra capacidad de influencia quede relegada y condicionada a unas estructuras de poder con las que nunca rascaremos bola. No vamos a elegir entre programas electorales generales, entre el todo o nada, y menos aún vamos a confiar en la supuesta diversidad de opciones. Nuestro día a día seguirá sin pertenecernos gane el partido que gane, nuestra rutina de trabajo- consumo-trabajo seguirá inalterable.

La-sociedad-del-espectaculoAcompañamos este acto de insumisión con un interés por participar de la toma de decisiones de los aspectos cotidianos de nuestras vidas, queremos ser nosotros/as quienes las gestionemos y no relegar en otros/as esa responsabilidad, independientemente de las siglas que abracen o la ideología que les ampare. No deseamos ser gobernados/as, ni por unos/as ni por otros/as.

Obviamente sabemos que la abstención no es ninguna fórmula mágica, que nada arregla como tal y que no se va a conseguir derrumbar el sistema con un acto tan simple, pero es nuestra opción política ante las elecciones: elegimos una respuesta colectiva de no participación en su pantomima y desde luego animamos a que más personas se sumen a ella. Claro está que al poder poco le importa que no vayamos a votar, más nos debe importar a nosotros/as, a nuestras conciencias: no queremos asumir una contradicción más de las que este sistema nos presenta.

Negamos su forma de hacer política, pero somos realistas, la abstención solo es un paso más (ni el primero ni el último, y mucho menos el más importante) de una larga lucha por recuperar nuestras vidas. Es por ello que sólo entendemos la abstención si va acompañada de una lucha cotidiana, de un trabajo diario por intentar influir y cambiar las relaciones sociales que nos acompañan, una lucha que puede darse en muy diversos frentes, ninguno más importante que el resto, pero que es imprescindible si queremos cambiar algo.

Lo que el voto se llevó: nuestra política frente a sus elecciones

Ante toda esta realidad no nos queremos quedar sólo en la abstención, en la pataleta de un día y la queja de los siguientes cuatro años. Así las cosas no cambian y nuestra mala hostia crece pero no la sacamos; nada productivo sale de ahí. Una vez que empezamos a entrever el problema hay que buscar las soluciones, hay que caminar en la senda de la construcción de la realidad que nos gustaría vivir. Si tenemos claro lo que sus elecciones y su democracia no nos dan, tendremos que tomarlo nosotros/as, tendremos que empezar por poner en práctica aquello que sus charlatanes/as obvian: las cosas concretas, el diálogo, el trabajo colectivo, las relaciones humanas reales, el cara a cara. Nuestros problemas y los de nuestros/as vecinos/as no son tan diferentes: saltemos ese obstáculo mental que nos hemos forjado desde pequeños/as y volvamos a confiar en las relaciones humanas, en el semejante, tratemos de volver a recuperar lo comunitario, lo convivencial.

Vemos imprescindible, por tanto, avanzar en nuestra la organización en común, en generar espacios de debate, de reflexión, de intercambio de opiniones, ideas y experiencias. Utilizar la asamblea y la afinidad como motores de lucha y de crecimiento colectivo, los problemas son miles y las posibilidades de afrontarlos en común inmensas. Potenciar espacios donde poder relacionarnos, donde poder crear formas de comunicación y acción realmente nuestras, alejadas de su representatividad, de sus mayorías y minorías, de sus cuotas de poder o de la servidumbre a intereses alejados de nosotros/as. Si algo queremos cambiar, tenemos que mojarnos y hacerlo nosotros/as mismos/as, entre todos/as, pero a través de nuestra iniciativa.

Autoorganización y lucha, dos conceptos que no tienen que sonarnos a pajas mentales ni a lejanas utopías, son prácticas que se generan en el día a día, que siempre han estado ahí. Nuestro pasado y nuestro presente están plagados de estos pequeños o grandes gestos subversivos. Los hemos visto en las asambleas en las plazas de nuestros barrios, con discusiones y debates entre vecinos/as, con comidas populares o con nocturnas marchas por la ciudad; pero hace unos años (no muchos) surgieron de la mano de localizados conflictos vecinales, por simples parkings o constantes abusos policiales, y hace algunos años más, posibilitaron grandes huelgas en pro de afianzar y avanzar en nuestras libertades. Nosotros/as entendemos estas prácticas como posibles (y aconsejables) a gran escala, para organizar toda nuestra vida, todas nuestras necesidades, pero claramente no estamos aún en ese punto, lejano todavía. Estamos a la defensiva, con un contexto socio-económico que nos avasalla, que nos gana terreno por todas partes (en materia laboral, educativa, sanitaria…) y es en este contexto en que estas prácticas las seguimos viendo como útiles, como una forma bastante pragmática de afrontar el presente, de afrontar recortes, despidos, desahucios y todo el sinfín de mierdas en las que estamos metidos/as. El debate, la discusión, la resolución colectiva de trabas, como método de afrontar unidos/as los problemas, de conseguir apoyarnos entre todos para que nadie caiga, para aprender a ganar y a no dar un paso atrás. Que nadie esté arriba ni nadie esté abajo, de tal forma que caminemos unidos/as.

¡Todo el poder para las asambleas! ¡La lucha es el único camino!

http://www.todoporhacer.org/como-cada-cuatro-anos


Fuck Work

Los trabajadores tienen que aprender que su poder no está en la fuerza de su voto, sino en su capacidad de parar la producción.

Voltairine de Cleyre (escritora anarquista y feminista estadounidense)





Paradoxus luporum: El cementerio está lleno de cobardes




Letra:

Cierro los ojos bajo el sol de la mañana,
lágrimas negras se deshacen en mi almohada,
sé lo que acontece por detrás de la ventana,
sé que aunque no mire la miseria está asomada.
Me han llamado ingenuo por vagar junto a los sueños,
cínico y procaz por no aparcar nunca el empeño
de vomitar sobre quien cree ser nuestro dueño
solo porque hay gente indigna que le ofrece el cuello.
Hay tanto formalismo, tanto convencionalismo,
tanto absurdo protocolo que enloquezco y descontrolo,
me duele el alma y ni siquiera sé si existe,
no me cuentes cuentos, lograrás que me despiste:
la sanidad, la educación, la corrupción,
las pensiones, los desahucios, los parados y la recesión,
no seré quien ponga en duda que estos son problemas,
los tengo a pie de calle y antes de pisar me queman,
pero esta historia encarna a Sísifo y su piedra,
a Prometeo destripado por el ave de la guerra,
al titán llamado Atlas obligado a sostener la tierra
y a las esperanzas vanas de la clase media.
La candente lava de un volcán no se detiene
por votar a otro payaso cuando el circo te lo ordene.
Voy a introducirme dentro de mi pensamiento,
voy a excavar hondo y a expresar sin miramientos        
todo lo que siento, lo que corre por mis venas,
profundo como el eco misterioso de la quena...
El estado natural de las personas no es mirar para otro lado,
no es rendirse bajo el yugo del trabajo asalariado,
no es mostrar abiertamente la rodilla
con el fin de que nos haga Don Parné la zancadilla,
no es poner la otra mejilla 
frente a quienes nos humillan,
no es olisquear la cola
de los que andan con pistola,
y no es auto-engañarse con que todo está ya hecho,
caminando de la mano, enamorado, del Estado de derecho.
Te diré cual es la peor dictadura,
a la que aspira un populacho enfermo que no tiene cura,
esa que han perfeccionado poco a poco los adictos a la usura
y han logrado introducirla como un clavo en la cultura,
la llamada democracia, es una estafa, es una mafia
que se sacia con la fe y con la esperanza de la masa,
mesiánica por excelencia
herencias ideológicas arcaicas,
resquicios de un pasado dominado por el miedo y la ignorancia.
La sanidad, la educación, la corrupción,
las pensiones, los desahucios, los parados y la recesión,
por favor, revienta la pantalla del televisor,
a pedradas, a patadas, pero escucha lo siguiente amigo,
no todas las penas de este mundo se almacenan en tu ombligo.
El tiempo y el espacio son dos cosas importantes
y están tan relacionadas que sería un poco ingenuo en este instante
ser distante con la idea de explorar y analizar cada suceso
utilizando bien el seso
para descubrir el peso
del inmenso resultado del pasado y el significado eterno
que los actos de la gente en el presente tienen
para los que vienen, para quienes no han llegado.
Esos desgraciados que vendrán
y que en su estado natural,
aún siendo alegres capullos en flor,
no tendrán problema alguno cuando tengan que decir que no,
si algo les saca de quicio y no respeta su opinión.
Quizás más adelante dejarán su rebeldía a un lado,
se adaptarán a todo aquello del trabajo asalariado,
la familia, los seguros, las facturas, la casita en un lugar más retirado,
hipoteca, deuda, crédito, inversión,
serán supremos lameculos de las farsas de los bancos.
Si es de cuerdos o es de locos, no es mi campo,
mi comprensión no llega a tanto,
para mi lo natural está en luchar contra el poder establecido,
contra todas esas normas que ninguno de nosotros ha elegido,
para mi lo natural es dedicar algo de tiempo a exterminar la esclavitud
a deshilar los intricados mecanismos que nos atan en la mísera actitud
de no sudar, no trabajar por la virtud
de ser los dueños de la vida que nos ha tocado
y ser conscientes del dominio que nos tiene consternados.
Y es que, si antes de nacer fueras capaz de moldear tu vida,
dudo que esculpieses esta ruina desmedida sin cabida para nadie,
donde reinan la avaricia y la mentira con donaire descarado.
Sé que es cierto que no existe la manera de tintar los tonos grises de esta esfera
todavía siendo un feto, sin saber lo que te espera,
pero ahora eres consciente y tienes cubos de pintura suficientes
para darle otro color a las fachadas destrozadas de tu angosta situación,
y se vehemente, independiente, no confíes en aquellos que te venden tu propia sonrisa,
tu satisfacción,
es a costa de tu identidad,
quieren camelarte y engañarte,
han diseñado un deprimente mundo injusto
con el fin de que busquemos la alegría en sus productos,
pero está en el corazón, siempre lo ha estado,
golpeada como un barco por las olas, si,
pero la felicidad no es propiedad de coca-cola.
La sanidad, la educación, la corrupción,
las pensiones, los desahucios, los parados y la recesión,
se destruiría este galimatías en esencia
si abriésemos un poco más nuestra conciencia,
si meditáramos en serio y con frecuencia
acerca de nosotros mismos y nuestra existencia.                
No se trata de odiar la realidad ni a las personas,
sino todo lo contrario.
No se trata de ir de raro, de anormal que desentona
¡visionario! Olvida tus delirios de grandeza
aquí todos somos hijos de mamá naturaleza.
La cuestión fundamental es comprenderte
más allá de tu cabeza,
conectar cada latido con el vívido segundo en el que nace la certeza
de que el mundo gira siempre indiferente a tus vivencias,
de que somos una mancha microscópica en el cosmos,
una errónea involución de los primates hacia el homo,
una plaga virulenta para nuestro propio entorno.
Llegados a este punto es de importancia
darle vueltas al dilema sobre la insignificancia,
el sentido de la vida en este globo sin salida,
la verdad de la esperanza en el tedioso día a día
y después romper a trizas la conducta depresiva,
enfrentarse a los abismos del camino manteniendo una sonrisa,
percatarse de que somos como el paso de la brisa
y a la vez un meteorito que provoca grandes sismos,
explotar la gruesa pompa del hiriente egocentrismo,
machacar toda señal de impertinente pesimismo
y conectar con las estrellas,
descubrir el infinito dentro de tus propias huellas,
presentir en tus adentros las raíces de la vida,
conocer que somos parte de una indómita medida,
somos uno y somos todo,
amor, salud y fuerza, rencor, dolor, y herida
para la pachamama machacada y ofendida.
Me queda poco tiempo entre las ruinas de esta guerra,
tengo miedo del delirio, su mandíbula me aterra,
por las noches se me aferra y me recuerda
que mañana es otro día igual que el resto sobre el grueso de la tierra,
en un arresto generado por los mismos que la pueblan.
Exigiré jubilación anticipada a las pasiones,
pues pensaba que el contrato explicitaba vacaciones,
una tregua para huir de las continuas decepciones,
pero va pasando el tiempo y se derriten mis canciones,
como el hielo en aquel vaso de insondables dimensiones
donde abundan humeantes todas las desilusiones.
No estoy triste, tengo en ristre todavía la esperanza,
aún me insiste cuanto existe a seguir, cual Sancho panza,
en las veredas del delirio, sombras en la lontananza,
y allá voy ensimismado con la caja de Pandora,
y sin demora me alimento de aquel bien que aún dentro mora.
El problema está en los ojos cuando ya no dicen nada,
cuando echamos el cerrojo y caminamos en manada
rumbo a fosas de despojos donde se halla desmembrada
toda identidad y arrojo de una humanidad domada.
Yo no escribo a la tristeza, lo último que busco es llanto,
yo le canto a tu cabeza para que no duerma tanto,
para que persiga el sueño lejos de cualquier almohada,
más allá de lo superfluo, de lo que no importa nada.
¿Dónde están las cucarachas de las grietas del imperio?
¿Por qué no sacáis las hachas y lo echáis al cementerio?
Lleváis picos, lleváis palas, vuestro rostro tosco y serio,
sanidad, educación, reparáis muros de hierro,
bienestar, cotización, reformáis una ilusión
y volvéis a unir los signos que nos recuerdan al sol,
olvidamos hace tiempo que la realidad existe,
nos embaucó el videojuego tras un incauto despiste,
somos aves enjauladas rogando un grano de alpiste,
somos extras voluntarios de un rodaje lento y triste.
Que los límites se ahoguen, bajo la luna eremita,
que vuestras leyes se aneguen en una noche infinita,
que nazca de nuevo el mundo con las entrañas reescritas.
Suelo ser un poco necio, digo cosas sin control,
después me quedo en silencio sin hallar la explicación,
pero cuanto siento es recio como el rugir del león
y eso mismo es este lienzo de extraña disposición
donde sin orden sentencio lo que dicta el corazón,
no pongo en venta mi esfuerzo, pero pienso en mi interior
que aunque no le ponga precio, vos sabréis darle valor.

Asamblea abierta de trabajo


El próximo día 12 de abril seguiremos trabajando por la abstención activa. 
Os convocamos a nuestra asamblea abierta de trabajo. En el Eko a las 18h.


¿ASALTAR LAS INSTITUCIONES?





¿ASALTAR LAS INSTITUCIONES? DEBATE ENTRE AHORA MADRID, PODEMOS Y EQUILIBRISMOS. 28 MARZO 2015

¿Te lo perdiste? ¿No llegaste a tiempo? ¿No pudiste ir? Puedes verlo aquí. Hoy participaron de esta Mesa-Debate:  Integrantes de Equilibrismos,  José Manuel Lopez el candidato a las primarias de Podemos para la comunidad de Madrid  y Pablo Carmona, el candidato a las primarias de Ahora Madrid.

Interesante el debate de ellos tres y más interesante el debate que se generó con las personas que se acercaron a la Soci de Manoteras este sábado en la tarde para participar activamente de este encuentro.


Los diputados han trabajado 15 días en los últimos 3 meses



Las elecciones andaluzas y la tragedia de los Alpes han reducido aún más la actividad parlamentaria de sus señorías. Enlazan los 32 días de vacaciones de Navidad con los 18 días libres de Semana Santa después de tan sólo 15 reuniones plenarias.




Los diputados enlazan los 32 días de vacaciones que ya disfrutaron en Navidad con los 18 días libres que les corresponde en Semana Santa con tan sólo 15 días trabajados. El artículo 73 de la Constitución, incompresible para la gran mayoría de la sociedad -he aquí una de las claves de la desafección de la ciudadanía con la 'clase política'-, establece que los meses de enero, julio y agosto no son hábiles para la actividad parlamentaria. Esto supone que los diputados y senadores disfruten de una media de 50 días de vacaciones en Navidad, 18 en Semana Santa y 70 en verano.

Aunque siempre hay excepciones; y este año ha sido uno de ellos: 2015 arrancó con trabajo acumulado en las Cortes. El interés del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, por aprobar antes del periodo electoral su famoso paquete anticorrupción prometido dos años antes, a colación del famoso 'caso Bárcenas', obligó al Congreso abrir sus puertas antes de tiempo.

Enero, reconocido como mes inhábil por la Constitución y el Reglamento de la Cámara Baja, ha registrado actividad parlamentaria este año. A partir del 7 de enero se celebraron varias comisiones (Justicia, Economía y Constitucional), e incluso hubo pleno, aunque más corto de lo habitual: el 20 y el 21. Esto obligó a los parlamentarios a reincorporarse a su trabajo 18 días antes de lo normal en periodo navideño, aunque después de este 'minipleno' volvieron a disfrutar de dos semanas libres hasta que el Congreso retomó la actividad ordinaria el 10 de febrero.

Pero las elecciones andaluzas, la tragedia de los Alpes y el hecho de que este año la Semana Santa sea antes han permitido a sus señorías enlazar dos periodos vacacionales (Navidad y Semana Santa) con apenas 15 reuniones plenarias celebradas en estos tres meses, uno de ellos inhábil. 






Evidentemente, las jornadas laborales de sus señorías no son para matarse. Además de los amplios periodos vacacionales que les corresponden, trabajan tres días a la semana y una semana al mes ni siquiera tienen que aparecer por el Congreso. Esto se supone que es así porque el tiempo restante lo emplean en visitar sus circunscripciones. Esta es la explicación que los diputados suelen dar cuando se les pregunta por sus amplias jornadas de tiempo libre. Pero lo cierto es que no hay un control ni siquiera disimulado sobre ellos. Ello abre la puerta a la especulación, a la duda y a la desconfianza de los ciudadanos respecto al trabajo que sus representantes realizan día a día.

La Carta Magna establece dos periodos ordinarios de sesiones: el primero, de septiembre a diciembre; y el segundo, de febrero a junio. Este año, el segundo periodo será más corto de lo habitual. La tragedia de Los Alpes, en la que 50 españoles perdieron la vida, mantuvo parado el Congreso el 24 y el 25 de marzo. Y a ello se unen dos convocatorias electorales. Una tradición parlamentaria no escrita pero muy asentada establece que no se celebre sesión plenaria durante la semana anterior a las citas electorales autonómica y municipales. Esta es la razón por la que la Cámara Baja paró el 17, 18 y 19 de marzo (este último día además era festivo en Madrid), por las elecciones en Andalucía. Y volverá a parar el 19, el 20 y el 21 de mayo por las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo.

No debemos de olvidar que la asignación mensual fija de cada diputado es de 2.813,87 euros brutos. A la cual hay que añadir una serie de indemnizaciones y privilegios adicionales que se suman individualmente por diferentes criterios de concesión. Una de las principales dietas que lo complementan es la de gastos por alojamiento y manutención. Los representantes elegidos en una circunscripción distinta a Madrid reciben 1.823,86 euros adicionales al mes. Para los diputados y senadores por Madrid también hay una dieta, de 870,56 euros. Es una cantidad exenta de tributación. Los diputados con cargo (portavoz, presidente de comisión, secretario) cobran un plus por representación de entre 700 y 3.328 euros. A lo que hay que añadir vuelos sin justificar, 3.000 euros al año en taxis y un 'kit tecnológico' formado por un IPad, un Iphone y ADSL.

Sus señorías ganan una media de 4.500 euros al mes. Así que teniendo en cuenta los días que el calendario parlamentario les ha obligado a estar en el Congreso, podríamos determinar que hasta hoy, sus señorías han recibido 13.500 euros -procedentes de las arcas públicas- por 15 días de trabajo. El presidente del Congreso, Jesús Posada, ha insistido en numerosas ocasiones que cuando no hay plenos no significa que sus señorías estén de vacaciones, sino que participan en comisiones, mesas de trabajo, presentaciones o conferencias en el Congreso. Pero en realidad esto solo suele afectar a aquellos con más responsabilidades. El resto -sobre todos los miembros de los grupos parlamentarios más grandes- suele disfrutar de los más de 200 días libres que tiene al año.