Seguro se lo inventó el dueño de una empresa




"Las cosas no se cambian en la calle y sí en las instituciones"


Pablo Iglesias: “esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira”

e puede y existen partidos de izquierda que adhieren a la vía electoralista como una opción más. Esto es otra cosa. La utilización por parte de una agrupación de los discursos de la derecha que clasifican las ideologías sitúa nítidamente a un partido y sus dirigentes, pero por sobre todo genera un alerta. ¿Estará diciendo que la izquierda es el PSOE? ¿Qué la izquierda es Podemos?

“Nosotros aprendimos en Madrid y Valencia que las cosas se cambian desde las instituciones, esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira” dice Pablo Iglesias en el minuto 29 del vídeo de los cursos de verano de la Universidad Complutense  en El Escorial.

Esta explicitación, además de diversas precisiones y análisis del futuro político de la agrupación y el devenir del Estado español, fue  realizada por Iglesias en el marco del seminario titulado: “El tema de nuestro tiempo: Pensar el futuro”.

La formalización de una posición ideológica socialdemócrata, usando el término “extrema izquierda” como tantos  y tantas protagonistas non gratas de la política del Estado español, resulta vergonzante. Se asemeja más a los guiones de los informativos de TVE o el diario El Mundo, que a un líder político que alguna vez dijo tener posturas anticapitalistas.

Se puede y existen partidos de izquierda que adhieren a la vía electoralista como una opción más. Esto es otra cosa. La utilización por parte de una agrupación de los discursos de la derecha que clasifican las ideologías sitúa nítidamente a un partido y sus dirigentes, pero por sobre todo genera un alerta. ¿Estará diciendo que la izquierda es el PSOE? ¿Qué la izquierda es Podemos?

Falta por ver cuántas más de esas “idioteces” quedan por menospreciar con tan poco respeto por los grupos de luchadoras y luchadores que sí las pensamos. Aunque a esta altura…poco falta por ver.

¿Sorpresa? Ninguna.

Diana Cordero


El cambio de gobernantes es un juego para tontos





San Fermín te explota






El estudio que explica por qué seguimos votando a los políticos corruptos


El estudio español que explica por qué seguimos votando a los políticos corruptos


No somos un caso único, pero sí un buen objeto de estudio: ¿por qué si tanto nos preocupa la corrupción seguimos depositando nuestra confianza en políticos envueltos en escándalos?




Los españoles hemos visto con nuestros propios ojos cómo políticos relacionados con tramas de corrupción, de la Gürtel a Filesa pasando por unas cuantas más (que cada cual elija la que mejor se adapte a sus prejuicios) volvían a ser elegidos por los votantes. Una situación aún más peculiar por el hecho de que parece haber un clamor popular contra la corrupción que no parece refrendarse en las urnas: la última encuesta del CIS la sigue señalando como una de las principales preocupaciones de los españoles con un 43,7%, tan sólo superada por el paro.

Como es de esperar, hay un puñado de investigaciones que se preguntan acerca de tal paradoja. Una de las más recientes, y al mismo tiempo de las más elocuentes, es la que realizaron tres profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona, Jordi Muñoz, Eva Anduiza y Aina Gallego, y que fue presentada en una conferencia de la IPSA (International Political Science). El estudio, llamado ¿Por qué los votantes perdonan a los políticos corruptos? Cinismo, ruido e intercambio implícito, no sólo examina la bibliografía existente para diseñar un interesante marco conceptual sobre la cuestión, sino que también efectúa una encuesta con 1.500 ciudadanos de Cataluña que permite entender mejor la psicología del votante permisivo.

Las condiciones que prevén la corrupción

Son muchas las investigaciones que intentan poner la aceptación del corrupto en contexto. Una de las más relevantes en el ámbito español es Las consecuencias electorales de los escándalos de corrupción municipal de la Fundación Alternativas, de Gonzalo Rivero Rodríguez y Pablo Fernández-Vázquez, que llega a una conclusión sencilla, directa y contundente: “Los resultados de nuestra investigación indican que los partidos cuyos alcaldes se ven envueltos en casos de corrupción no se ven penalizados en las urnas”. Como explicó una investigación realizada en la Universidad de Nueva York, sufrir la corrupción en tu propia piel reduce mucho más las posibilidades de votar por el que la comete que la mera corrupción percibida, algo que es mucho más habitual en las sociedades desarrolladas.

Predomina la visión pragmática de que si el país, la comunidad o el ayuntamiento marchan, la corrupción resulta aceptable

Como señala el estudio realizado en la UAB, los condicionantes que aparecen con más frecuencia en la literatura científica son el partidismo, la información y el contexto. El primer aspecto, el partidismo, fue estudiado por Dimock y Jacobson en un artículo publicado en el Journal of Politics, que señalaba que el daño potencial de un caso de corrupción es mitigado cuando el que lo comete es de los nuestros. Si el caso no está claro y debemos elegir entre bajar o alzar el pulgar, es más probable que hagamos esto último si simpatizamos con el presunto corrupto. Hay que culpar a la disonancia cognitiva de esta lógica: la corrupción siempre es percibida con más fuerza entre los votantes del partido de la oposición que entre los seguidores del partido en el cargo.

Sin embargo, esta situación es atenuada si la población se encuentra debidamente informada, como puso de manifiesto una investigación publicada también en el Journal of Politics, que señalaba que cuanta más información existe sobre corrupción, más se deja notar esta en los resultados de las elecciones (obviamente). Sin embargo, lo que ocurre en muchos casos es que, si se demuestra que el político al que hemos apoyado es un corrupto, simplemente dejamos de votar, lo que explica por qué los actos ilícitos promueven la abstención más que el voto de castigo.

En último lugar, el contexto juega un papel importante. La fortaleza de las instituciones, la juventud de una democracia y la cercanía entre el corrupto y su beneficiado, que favorece el clientelismo, son otros factores importantes. Pero, como señalan los autores en su estudio, estos tres puntos son meros condicionantes que no terminan de explicar la psicología del votante. Para ello, aportan otros tres factores que pusieron a prueba en su investigación.

Los tres caballos ganadores del político corrupto

Si en un país como España, donde las instituciones son fuertes, la democracia está asentada, la población está debidamente informada (supuestamente) y el clientelismo tan sólo afecta a un pequeño porcentaje de la población, se sigue votando a los corruptos, es que algo más ocurre, señalan los investigadores. La respuesta son estos tres mecanismos.


  • Intercambio explícito. No hace falta que el político corrupto nos haya premiado con un contrato suculento o un maletín lleno de dinero para que pensemos que si es reelegido nos beneficiará. En ocasiones, señala el estudio, estamos dispuestos a pasar por alto determinados actos turbios si consideramos que el resto de cualidades del candidato son lo suficientemente positivas como para compensar su desliz, sobre todo si han sabido garantizar el bienestar de la población. Ello tiene otro correlato, y es que muchas veces se sospecha que la sustitución del corrupto por el inocente no tiene por qué resultar necesariamente positiva para el desarrollo económico y bienestar de la nación, algo que ya fue sugerido por Rivero y Fernández-Vázquez en su investigación para explicar el caso español. En resumidas cuentas, si el país, la comunidad o el ayuntamiento marchan, la corrupción resulta aceptable. Una visión profundamente pragmática.

Negar la mayor y seguir adelante como si no hubiese pasado nada suele resultar más rentable políticamente que aceptar las acusaciones

La primera hipótesis, por lo tanto, es que “la posibilidad de apoyar a un político corrupto aumentará significativamente si se considera que tiene una previa experiencia política positiva que lleve el bienestar económico a sus electores”. Según los resultados de la investigación, este factor aumenta la probabilidad de votar a un corrupto en un 14%.


  • Ruido. La influencia de la corrupción en nuestro voto depende en un alto grado de la credibilidad de que le demos. Ahí juega un papel importante el partido acusado de actuaciones ilegales: negar la mayor y seguir adelante como si no hubiese pasado nada suele resultar más rentable políticamente que aceptar las acusaciones, puesto que tus seguidores están dispuestos a creerte. De ahí que la segunda hipótesis sea que “la posibilidad de apoyar a un político corrupto aumentará significativamente si el partido político niega los cargos”. Como demostró la investigación, este factor aumenta la probabilidad de votar a un corrupto en un 10%

  • Cinismo. Una dura palabra para una triste realidad que bien define parte de la situación política en España en 2015: puede que nuestros políticos sean unos corruptos, pero también lo son los de los partidos adversarios, así que para eso, mejor no cambiar. Una terrible consecuencia del “todos los políticos son iguales” que conduce al inmovilismo y la condescendencia hacia el corrupto. La tercera hipótesis es, por lo tanto, que “es más probable que los votantes apoyen a un candidato corrupto cuando todos los partidos o las alternativas también están afectadas por la corrupción”. Sin embargo, este punto no pudo ser demostrado por la investigación, aunque los autores consideran que no se puede descartar completamente.  


http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-08-07/el-estudio-espanol-que-explica-por-que-seguimos-votando-a-los-politicos-corruptos_957479/



Change of rulers is the joy o fools






LO QUE EL VOTO SE LLEVÓ


El ritmo frenético de nuestras vidas nos ha alejado de los demás: ahora no sólo no conocemos a nuestros/as vecinos/as sino que es posible que antes de despertarnos simpatía nos den miedo. Igualmente nuestros/as compañeros/as de trabajo son seres a superar, con los que competir y no personas en las que apoyarnos para mejorar. Esta ruptura entre las personas, este aislamiento, potenciado por los sucesos que salpican a diario los medios de comunicación, es enemiga de nuestra vida.
Normalmente estamos rodeados/as de personas y, si nos arriesgásemos a conocerlas un poco mejor, descubriríamos que tienen inquietudes y problemas, muchas veces parecidos a los nuestros: un trabajo que les acapara y explota, una familia a la que no dedican el tiempo que les gustaría, poca diversidad en los momentos de ocio… Estas problemáticas comunes pueden traducirse en un mismo frente de lucha.
Ante toda esta realidad no nos queremos quedar sólo en la abstención, en la pataleta de un día y la queja de los siguientes cuatro años. Así las cosas no cambian y nuestra mala hostia crece pero no la sacamos; nada productivo sale de ahí. Una vez que empezamos a entrever el problema hay que buscar las soluciones, hay que caminar en la senda de la construcción de la realidad que nos gustaría vivir. Si tenemos claro lo que sus elecciones y su democracia no nos dan, tendremos que tomarlo nosotros/as, tendremos que empezar por poner en práctica aquello que sus charlatanes/as obvian: las cosas concretas, el diálogo, el trabajo colectivo, las relaciones humanas reales, el cara a cara. Nuestros problemas y los de nuestros/ as vecinos/as no son tan diferentes: saltemos ese obstáculo mental que nos hemos forjado desde pequeños/as y volvamos a con’ar en las relaciones humanas, en el semejante, tratemos de volver a recuperar lo comunitario, lo convivencial.
Vemos imprescindible, por tanto, avanzar en nuestra la organización en común, en generar espacios de debate, de re4exión, de intercambio de opiniones, ideas y experiencias. Utilizar la asamblea y la a’nidad como motores de lucha y de crecimiento colectivo, los problemas son miles y las posibilidades de afrontarlos en común inmensas. Potenciar espacios donde poder relacionarnos, donde poder crear formas de comunicación y acción realmente nuestras, alejadas de su representatividad, de sus mayorías y minorías, de sus cuotas de poder o de la servidumbre a intereses alejados de nosotros/as. Si algo queremos cambiar, tenemos que mojarnos y hacerlo nosotros/as mismos/as, entre todos/as, pero a través de nuestra iniciativa.
Autoorganización y lucha, dos conceptos que no tienen que sonarnos a pajas mentales ni a lejanas utopías, son prácticas que se generan en el día a día, que siempre han estado ahí. Nuestro pasado y nuestro presente están plagados de estos pequeños o grandes gestos subversivos. Ahora se ven con las asambleas en las plazas de nuestros barrios, con discusiones y debates entre vecinos/as, con comidas populares o con nocturnas marchas por la ciudad; pero hace años (no muchos) surgieron de la mano de localizados con4ictos vecinales, por simples parkings o constantes abusos policiales, y hace algunos años más, posibilitaron grandes huelgas en pro de a’anzar y avanzar en nuestras libertades. Nosotros/as entendemos estas prácticas como posibles (y aconsejables) a gran escala, para organizar toda nuestra vida, todas nuestras necesidades, pero claramente no estamos aún en ese punto, lejano todavía. Estamos a la defensiva, con un contexto socio-económico que nos avasalla, que nos gana terreno por todas partes (en materia laboral, educativa, sanitaria…), y es en este contexto en que estas prácticas las seguimos viendo como útiles, como una forma bastante pragmática de afrontar el presente, de afrontar recortes, despidos, desahucios y todo el sinfín de mierdas en las que estamos metidos/as. El debate, la discusión, la resolución colectiva de trabas, como método de afrontar unidos/as los problemas, de conseguir apoyarnos entre todos para que nadie caiga, para aprender a ganar y a no dar un paso atrás. Que nadie esté arriba ni nadie esté abajo, de tal forma que caminemos unidos/as.
¡Todo el poder para las asambleas!
Borroka da bide bakarra!!

Abstención política y política de la abstención



En épocas electorales siempre hay menciones, más bien pocas, en torno a la abstención. Pero tales discursos tienden en general a considerarla como un problema o una preocupación: si habrá mucha o poca, si afectará a uno u otro partido, si es más de izquierdas que de derechas. Y se repite, sobre todo durante la insípida jornada de reflexión, la llamada pública de las élites políticas a participar con el voto en las elecciones correspondientes. Y hasta en la redes sociales se puede leer cierta letanía que demoniza a quien se abstiene, pues por su culpa la opción x (en general esto sucede entre quienes son de izquierda) no tendrá los suficientes apoyos para obtener más escaños, o ampliar su capacidad de influencia parlamentaria o sus opciones de gobierno, dando por supuesto que quien comete dicho «pecado» es necesariamente un "indeciso" de izquierdas (¿?). En fin, la retórica política dominante, que identifica acción política con acción institucional mediada por elecciones, suele cargar negativamente contra quien en un momento dado opta por abstenerse, señalando con múltiples taras y viejas retahílas morales a esas personas como «pasotas», «desinformadas», «ignorantes», «indolentes, «despreocupadas», etc. En el mejor de los casos, están simplemente «desilusionadas» de la política.

No obstante, nunca se dice que la abstención electoral, o la abstención como acción política en general, es una opción que constituye e instituye el derecho democrático al voto. En las lides electorales los discursos suelen revertir interesadamente este derecho en deber, intentando con ello minimizar los efectos aparentemente no deseados de la opción de no votar a ninguno de los contendientes. Pero el hecho nunca resaltado es que la abstención forma parte sustancial del ejercicio del derecho al voto. En el fondo, y a pesar de la retórica dominante que la define como «el acto por el cual un potencial votante en unas elecciones decide no ejercer su derecho al voto» (ver wikipedia), es el ejercicio a un voto «contravenido»: aquel que expresa con su no-voto la opción de que básicamente ninguna de las alternativas en pugna le satisface políticamente. Es pues el derecho a contravenir la norma de votar necesariamente entre las alternativas instituidas, pues éstas no satisfacen el criterio de completitud de todas las alternativas posibles. Pero es algo más: gracias a que cualquiera puede abstenerse en una votación, el votar se define como un derecho. Si no se posibilitara la abstención, automáticamente el voto se convertiría en un deber, y como tal su contravención (el no votar), sería tipificado como delito y, por lo tanto, como punible o sancionable. Dicho de otro modo: gracias a que puedo abstenerme existe el voto como derecho. Y por esto mismo, la abstención es una opción digna, legítima e, incluso en muchas ocasiones, es la opción más adecuada.

Por otro lado, cierto es que en unas elecciones políticas, la abstención es interpretativamente escurridiza o ambigua. De ahí la desazón que casi siempre acompañan a los análisis estadísticos, que desearían amordazarla y acotarla como sucede con los votos emitidos a uno u otro partido en liza. Las razones por las que alguien se abstiene pueden ser múltiples, variopintas y extrañas. Contra quienes pretenden minimizarla recurriendo a sesgos formales, como errores en el censo, o fuerzas mayores de enfermedad, muerte o impedimentos de última hora, hay que resaltar que la abstención sólo es concebible como un acto voluntario, cuyas razones pertenecen sólo al limbo de la propia conciencia.

Quien se abstiene sabe bien (o mal) por qué no ha ido a votar. Puede que su abstención no sea «activa», en el sentido anarquista de crítica radical al sistema político representativo y mediado de las democracias capitalistas, postura por otro lado encomiable y más que correcta en la mayoría -por no decir en todas- de las aburridas convocatorias electorales que padecemos cada cierto tiempo, pero no cabe duda que quien se abstiene lo hace voluntariamente, no de forma inconsciente ni anodina ni simplona. Cabría preguntarse cuánto de anodino, inconsciente y simplón hay en mucho voto emitido por hábito, costumbre e intereses creados, y que favorece usualmente a cualquiera de los partidos habilitados a gestionar el «Poder». Aunque todos los partidos políticos electorales saben bien que la abstención no cuenta en ningún caso para el reparto final de escaños, también saben que el amplio espectro de la indecisión alimenta precisamente esa abstención. Por ello los discursos electorales al principio se suelen orientar a los votantes propios, y en la segunda mitad de campaña al maremágnum del voto indeciso. O al revés, según sea la hidalguía del partido que se presente.

En resumen: 1º Toda abstención es voluntaria. 2º Toda abstención es intrínsecamente política. 3º Al ser un contravención a las opciones dadas, las razones últimas de toda abstención se escapan al acotamiento estadístico. 4º La abstención es fuertemente contextual y dinámica: quien se abstiene hoy puede que no se abstuviera ayer y viceversa. Y 5º y central, la abstención es consustancial al derecho al voto, forma parte indisoluble del propio derecho a votar (o no votar) y, por lo tanto, es tanto (o más) digna y necesaria para una democracia como el propio voto a cualquiera de las alternativas dispensadas.

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Toda persona que haya participado activamente en algún momento de su vida en una asamblea plena, es decir, en un procedimiento de democracia directa entre iguales, sabe bien el valor político de la abstención. No es infrecuente que ante una propuesta o varias poco definidas, o insuficientemente argumentadas o cuyos objetivos no estén del todo claros, una mayoría de dicha asamblea simplemente se abstenga, lo que significa casi siempre que no es que estén en contra, si no que esperan que argumentos, objetivos o procedimientos se presenten de un modo más esmerado o matizado para que cada abstinente se decida o no apoyar la propuesta en cuestión.

Y hemos podido ver cómo el PP hace escasos meses pedía al PSOE que se abstuviera en la elección de investidura de Mariano Rajoy, cosa que probablemente se repita tras las elecciones próximas. Aunque a mucha distancia este ejemplo parlamentario del asambleario anterior, ambas situaciones reflejan la importancia política de la abstención, lo que ilustra cómo de una abstención política electoral (sin programa político explícito) se puede pasar a una política activa de la abstención. La abstención a veces concede respiros, otras limita gobiernos, y las más de las veces expresa de modo activo precisamente lo único que da valor auténtico a la democracia, más allá del sistema instituido que la encorsete: el disenso.



Volvemos a votar





OBJETOR ELECTORAL, DE NUEVO - LA TERCERA YA


OBJETOR ELECTORAL, DE NUEVO - LA TERCERA YA

Hace unos días recibí en mi casa una notificación por la que se me nombra miembro de una Mesa Electoral para las Elecciones Municipales del 26 de Junio de 2016, en calidad de Suplente del Presidente, de la Mesa del IES Fdo. Quiñones – Jerez de la Frontera, teniendo que acudir obligatoriamente a las 8 h. de la mañana de ese día, bajo amenaza de que, en caso de no concurrir, incurriré en pena de privación de libertad de 14 a 30 días y multa de dos a diez meses. 

Ésta es la tercera ocasión en la que se me obliga a formar parte de una mesa electoral.
He presentado una Declaración de Objeción de conciencia a la Junta Electoral de Zona.

"Mi conciencia e ideología se ven violentadas con el hecho de tener que colaborar con un sistema electoral y un modelo político con el que estoy en profundo desacuerdo. Esta democracia representativa, burguesa y meramente formal, deja la capacidad de decisión en manos de una élite, la clase política, que ostenta el poder a espaldas de la ciudadanía, ostenta privilegios y se lucra, en connivencia con el Capital. Mis supuestos representantes no son más que usurpadores de la soberanía popular, a la que dicen responder mediante una farsa electoral que se escenifica una vez cada 4 años"
(Recupero aquí una imagen de mi protesta con la camiseta de 2004)



Como hemos anunciado ya por otros medios, se confirma la buena noticia de la absolución de los dos huelguistas del 29M juzgados en las últimas semanas. Gracias a todas por el apoyo mostrado! ‪#‎lavagaquevolem‬



... estamos en época de elecciones




La magia de las elecciones





El arte de la magia ha fascinado a todas las personas desde la Antigüedad hasta nuestra época. Más allá del halo de misticismo en que suele mostrarse envuelta, la magia cuenta con un elemento esencial que es el que ha contribuido a alimentar esa fascinación que toda civilización ha compartido a lo largo de nuestra historia: la ilusión.

La ilusión, y por extensión toda práctica de ilusionismo, consiste en la percepción a través de los sentidos de un suceso que contradice las leyes naturales, nuestra experiencia o nuestra propia razón. Es la percepción de algo que no puede ser real, pero que sin embargo estamos viendo con nuestros propios ojos. Durante un espectáculo de magia, ese suceso (o efecto) nos produce una enorme fascinación; en primer lugar por hacernos sentir que lo imposible es posible, que ciertas certezas absolutas con las que vivimos a diario pueden desmoronarse con una facilidad pasmosa, lo que nos permite abrir nuestra imaginación hacia límites que jamás nos hubiéramos planteado antes; y en segundo lugar porque nos activa la curiosidad innata que el ser humano tiene por tratar de comprender aquello a lo que no encuentra explicación posible.

Desde el punto de vista del mago, la ilusión se construye a través de una serie de mecanismos, o trucos, que harán posible el engaño óptico. Sin embargo, aunque esos mecanismos secretos suelen ser el objeto de toda curiosidad despertada por un efecto mágico, en realidad el elemento clave con el que cuenta el ilusionista no es otro que el control de la atención de su público. La magia, en efecto, consiste en conseguir centrar toda la atención allá donde al mago le interesa para impedir que podamos captar el mecanismo que produce el efecto. Pero bueno, os preguntaréis, ¿esto no iba de las elecciones?

Y así es. Esta breve introducción al mundo del ilusionismo nos va a servir para tratar de abordar la cuestión electoral desde una perspectiva algo más amplia de la habitual. Suponemos que a través de las elecciones es cómo podemos participar de la vida política, controlar a nuestros gobernantes, influir en la sociedad, etc, y sin embargo observamos que después de varias décadas de sufragios cada vez hay una mayor desafección política, a los gobernantes no se les puede controlar ni a través de la justicia, y más que influir en la sociedad, ésta literalmente nos aplasta. ¿Por qué entonces las elecciones no están sirviendo a su propósito? A través de la comparación con el mundo de la magia, trataremos de descifrar qué de ilusorio podrían tener las elecciones, qué mecanismos podrían operar en ellas, y qué conclusiones podríamos sacar de todo ello.

Como hemos visto, La magia de las elecciones una ilusión nos presenta un suceso que ocurre de una determinada forma mientras que en el fondo sabemos que la realidad es muy diferente. Atendiendo a esta descripción, pensemos, ¿qué ilusiones podemos encontrar en el electoralismo? Es decir, ¿cuáles son esas maravillosas promesas que nos proporcionan las elecciones aunque sepamos que la realidad después se muestra bien diferente? Veámoslas con detalle.

La ilusión de la pluralidad:

¿Representan las modernas democracias representativas la pluralidad de todo el espectro político? En realidad sólo generan la ilusión de que las diferentes opciones políticas pueden participar, pero están todas condicionadas. Están condicionadas por los requisitos de participación, están condicionadas también por la proporcionalidad matemática (la tramposa Ley d’Hont), y además, una vez establecido el gobierno, sólo la fuerza (sea única o en coalición) que obtenga algo más del 50% de los votos legislará y decidirá por todos, quedando así totalmente fuera de la aportación legislativa el resto de opciones minoritarias.

Aunque quizá sea peor todavía la falta de representatividad sobre la realidad social existente. Por muchos partidos que salieran, nunca habrán los suficientes para representar todos los espectros sociales. De la misma manera, al tratarse de un sistema fundamentado en mayorías, inevitablemente se está desechando toda la pluralidad y toda la capacidad de aportación política y social que podría emanar de la población misma. La realidad es que el sistema electoral nos excluye, nos obliga a tener que optar por la representación de unos programas políticos con los que nunca estaremos al 100% de acuerdo, lo que nos obliga a hacer una buena cantidad de concesiones tan sólo por poder “elegir al menos malo”.

La ilusión de la representación:

Siguiendo al hilo de lo anterior, aún cuando sea elegido un candidato con el que nos sintamos 100% representados (uno bueno de los que se dice que pertenecen al pueblo, que ha sido obrero toda la vida, que ha luchado en la calle, y que conoce nuestros problemas), en el momento de asumir el cargo político, tanto su perspectiva y su posibilidad de representar con fidelidad esa realidad de la que procede se verá alterada por completo. Y no es tanto por aquello que se dice sobre que el poder corrompe. Pues aún suponiendo un candidato incorruptible, desde el momento en que se tiene que enfrentar a un cargo de representación de una mayoría (que no representa a la totalidad de la realidad social que gobierna) dicho cargo le exigirá cumplir con una serie de atenciones a la población, de negociaciones, de presiones y de debates con otros cargos representativos, que lo alejarán irremediablemente de la perspectiva de su anterior vida como obrero, como vecino o como luchador. Su posición habrá dejado de ser la que tenía antes de ser elegido y cualquier decisión que tome ya no será como la persona que era antes, pues ya no llevará la vida del gobernado, ni sentirá tampoco las repercusiones que sus propias decisiones acarreen sobre la población, ni conocerá las necesidades, el día a día, ni lo que se siente siendo obrero o ciudadano bajo su mandato.

Sin embargo, la ilusión de la representación de la mayoría, que a sus propios ojos lo legitima para gobernar sobre todos, le convencerá de que sus decisiones serán siempre las mejores de entre todas las posibles. Y así hará lo posible por acatarlas, aún creyéndose realmente bondadoso, a través de los medios por los que la instituciones se valen para hacer cumplir sus leyes, es decir por la fuerza. Si no las cumples, serás castigado estés o no de acuerdo, y te represente realmente o no el gobernante que hace las leyes.

La ilusión de la participación:

Cuando a través de nuestro voto logramos cambiar unos gobernantes por otros, analizamos si el nuevo candidato será más o menos malo que el anterior, pero no nos paramos a pensar en lo perverso que hay por encima de esos candidatos, en lo perverso del sistema mismo, en lo perverso de las reglas del juego. Y se nos convence de que la única forma que existe de hacer política es votando a unos u otros. Se nos convence de que si no votamos, entonces no podemos hacer política. Y con tales premisas, repetidas una y otra vez hasta el hastío, es como de un plumazo se desvanece de nuestra propia concepción  de la realidad social toda opción alternativa de poder hacer política, cuando hay miles de formas para poder ejercerla, para poder influir en la sociedad, para poder construir sociedad, y para tomar decisiones propias y colectivas…

La ilusión del control ciudadano:

Otra ilusión muy extendida es que a través de nuestro voto podemos controlar a los políticos, pues si no cumplen la voluntad popular, entonces serán castigados en las próximas elecciones. Pero, ¿qué sucede durante esos cuatro años? Los gobernantes hacen y deshacen a placer sin que tengamos la posibilidad de intervenir en sus decisiones, en el dinero que manejan o en sus negociaciones, más allá de protestar y presionar en la calle. Si lo pensamos bien, más que controlarlos, son ellos los que nos controlan a nosotros a diario, a través de sus leyes, de sus medios de comunicación y a través de la acomodación que surge una vez que dichas leyes están instaladas. Incluso si lo pensamos un poco más todavía, el mismo hecho de votar es parte de esa acomodación y aceptación de las pocas reglas de participación política de las que disponemos,  lo que nos impide pensar en otras alternativas de organización social y, como consecuencia lógica, vuelve a suponer un modo más de controlarnos.

La ilusión del voto como derecho:

No es un derecho ejercer una acción que lo que hace es delegar todos tus derechos de participación social y política a otra persona. Más que un derecho es la cesión de tus derechos. Y hagas lo que hagas, votes o no votes, o votes a quien votes, la delegación de nuestros derechos se va a hacer efectiva y pasará a seguir formando parte del control del Estado. Esto convierte al voto justo en lo contrario que un derecho: lo convierte en una coacción.

Otra perspectiva es la que nos recuerda la importancia del voto en base a la cantidad de luchas que supuso conseguir instaurar unas elecciones democráticas. Y más viniendo como venimos de una desgraciada y miserable dictadura. Durante el franquismo también existieron varios referéndums, y eso no convirtió al voto en un derecho ya que pesaban sobre dichos procesos electorales enormes condicionantes. Sin embargo, a lo largo de este artículo, estamos desgranando la existencia también de múltiples condicionantes en los procesos electorales de las democracias representativas. Y son suficientes condicionantes como para hacernos dudar seriamente sobre la consideración del voto como de un derecho.

La ilusión de la igualdad del votante:

Atendiendo a la lógica matemática de las elecciones, los sistemas de reparto de escaños y los porcentajes hacen que no valga lo mismo el voto de una persona que la de otra. Pero el problema es más profundo, pues en una sociedad que es injusta y desigual en muchos otros planos (económico, social, cultural…), el voto mismo se verá siempre condicionado, pues la desigualdad es previa al acto de votar. Para verlo con mayor claridad, podemos recurrir al ejemplo de los trabajadores por cuenta ajena de las grandes empresas que (amparadas por los poderes políticos) dominan el mercado laboral a través de monopolios, oligopolios, o a través del acaparamiento de medios de producción. Como dichos trabajadores mantienen una relación laboral de dependencia, su voto estará siempre fuertemente influenciado por los intereses de esos grandes capitales protegidos, de esos monopolios, terratenientes, etc, que les “aseguran” el trabajo sin el cual no podrían sobrevivir. Y así ocurre con cualquier tipo de relación coactiva o de dependencia. De esta forma, quienes ejercen la mayor parte del poder dominan también el discurso electoral, y por tanto influyen de forma decisiva ya no sólo sobre la orientación del voto si no incluso sobre los contenidos de los que habrán de tratar los distintos partidos políticos que se consoliden. De esta forma es como la desigualdad social existente se acaba transportando al propio acto electoral.

La ilusión del poder del político:

A través de la lógica de las elecciones, tendemos a considerar a los candidatos que resultan del proceso electoral como los nuevos acaparadores del poder. Como si los gobernantes fueran la máxima autoridad y tan sólo de ellos dependiera toda la construcción del orden económico y social. Obviamos a través de tal ilusión la existencia de los lobbys y de las redes clientelares ya extendidas hasta la médula del sistema parlamentario. Quienes ocupen la gobernancia no tendrán más remedio que continuar recibiendo las presiones de esos lobbys, así como también descubrirán que la inmensa mayoría de las leyes están bien ancladas para perpetuar el sistema de dominación y privilegios, que hemos visto anteriormente como generador de desigualdades, lo cual le obliga al nuevo gobernante a participar sí o sí de ese clientelismo ya instaurado. Tan sólo en las parcelas que no interesen a los grandes capitales ni a los grupos de presión será en donde el gobernante podrá tener cierta libertad de legislación.

La ilusión del ciudadanismo:

Esta ilusión trata sobre cómo las elecciones democráticas indirectas alteran nuestra propia subjetividad, nuestra percepción de nosotros mismos. A través de los distintos discursos acerca de las bondades del voto, del derecho consagrado que supone y de la más alta capacidad de participación que nos permite (aunque ya hemos visto que no se trata más que de meras ilusiones) se inserta la participación electoral dentro de la idea de lo que supone ser un buen ciudadano. Trabaja duro, no protestes, paga los impuestos, sigue la corriente, no cuestiones el funcionamiento de las cosas… ¡y vota! Este concepto instalado en el imaginario colectivo de lo que supone ser un buen ciudadano, y que no es más que la suma de comportamientos que colaboran con la continuación del orden impuesto, no sólo condicionan la imagen que tenemos de nosotros mismos o nuestros actos, si no que además genera la ilusión de que la democracia representativa, la delegación, la obediencia y la dejadez son inherentes al ser humano. Por tanto, refuerza la ilusión de que el voto es un noble y grandísimo valor humano, y una de las máximas aspiraciones que podemos alcanzar. Y, aunque es cierto que quizá sea preferible a otras formas de organización social anteriores, considerar la democracia representativa como la más sublime de las posibilidades nos impide pensar en otras opciones, en otras formas de organización, que podrían ofrecer solución a los problemas inherentes al actual sistema y que tanto sufrimiento están causando a la población en este tiempo. Pensar que los Estados Modernos y sus democracias representativas no acabarán nunca por hundirse y que nunca serán sustituidas por otras formas de organización política, al igual que ha pasado históricamente con anteriores civilizaciones, es una somera ingenuidad.


¿Y todo esto por qué? Volviendo al principio, como en todo espectáculo de magia, detrás de cada ilusión vislumbramos las distintas formas empleadas para desviar nuestra atención con el objeto de ocultar los distintos trucos y mecanismos que utiliza el ilusionista. Las elecciones no suponen más que una ilusión que, a poco que profundicemos sobre ella como acabamos de hacer, no resulta ser tal y como se nos muestra. ¿Por qué entonces cala en la población con tanta ceguera, hasta el punto de hacerle creer que tan sólo a través del voto está pudiendo ejercer una plena participación democrática? Aquí es donde interviene la habilidad y la capacidad del ilusionista, consiguiendo desviar nuestra atención hacia cuestiones como la ley d’hont, las circunscripciones, los distintos programas políticos, las coaliciones, la importancia de votar, el peligro de no participar… obligándonos a pensar que el secreto de la magia de las elecciones, de esa fascinación que nos invade cada cuatro años, está en esas cuestiones superficiales, y evitando habilidosamente que caigamos en la cuenta o que pensemos en los mecanismos con los que funciona realmente este sistema.




Más allá del efectista truco de magia que suponen las elecciones, más allá de lo que podáis disfrutar o sufrir participando o absteniéndose, no deberíamos olvidar nunca que las opciones y posibilidades de participación política, social y económica son muchas más. Que si queremos podemos intervenir de muchas otras maneras. Y que no todo depende de un día, ni de unas elecciones, ni de una acción concreta. Que nuestras posibilidades de aportación se suceden cada día, los 365 días del año, los 1460 días que conforman los cuatro años de cada legislatura, y no sólo un mísero día. Ahí es donde reside la verdadera participación, el genuino control del ciudadano, el legítimo ejercicio de nuestros derechos, nuestra lucha por la igualdad, y la auténtica construcción de nuestra sociedad, de nuestra forma de relacionarnos, de ayudarnos, de cooperar y de crecer juntos.

¿Y por qué íbamos a tomarnos tantas molestias si solamente votando ya se ocupan otros por nosotros?

Pues porque cuando alguien tiene hambre, no es lo mismo crear la ilusión de un frugal banquete que después se desvanece, que elaborar con nuestro propio esfuerzo un plato de comida sabiendo que finalmente acabará en nuestra boca.



CCOO incurrió en fraude de ley


CCOO incurrió en fraude de ley al realizar hasta 200 contratos a sus formadores para cursos



Varias personas que trabajaron durante años como profesores en la Fundación Formación y Empleo de Comisiones Obreras en Euskadi han denunciado al sindicato: la central no les incluyó en el expediente de regulación de empleo que ejecutó a finales de 2015 para extinguir su centro de formación. Y eso a pesar de que encadenaron decenas de contratos temporales durante años, hasta más de 200 en uno de los casos. Los formadores, que son afiliados del propio sindicato, reclaman que se les considere empleados fijos discontinuos y, como tales, afectados por el ERE. 

La Fundación Formación y Empleo (Forem) es una entidad adscrita a CCOO que gestiona orientación y formación para el empleo y que actualmente solo mantiene centros en Madrid, Ceuta y Melilla. A finales de 2015 presentó un ERE de extinción para sus centros de Euskadi en el que incluyó a toda su plantilla (a los que pagó 45 días por año trabajado), salvo a los formadores. Estos profesores no tenían contratos indefinidos: Forem contaba con ellos cuando celebraba los cursos y les formalizaba contratos por obra y servicio. Esta situación hizo que encadenaran decenas e incluso cientos de contratos en varios años.

Al menos tres personas en Vizcaya y otras tres en Guipúzcoa han demandado al sindicato. Reclaman su condición de trabajadores fijos discontinuos y que, por tanto, deberían haberles incluido en el ERE. "No contaron con nosotros para nada, somos los únicos que no nos enteramos de que estaban haciendo un ERE", dice una de las personas afectadas, que impartió un curso cuando el centro estaba a punto de cerrar. Uno de los trabajadores llegó a acumular 190 contratos en cerca de 20 años de trabajo. En otro de los casos fueron 78 contratos en siete años. 

Hay varios juicios en marcha y una sentencia ya dictada, a la que ha tenido acceso eldiario.es, que da la razón en el fondo al trabajador pero que descarta condenar a Comisiones Obreras porque considera el asunto caducado. En este caso –el de un trabajador que fue contratado para impartir más de doscientos cursos durante veinte años–, el juez señala que Forem tuvo voluntad de "limitar lo más posible sus responsabilidades como empresario" de manera que trasladó "el riesgo empresarial derivado de una relación laboral estable al trabajador".

Este recurso a la contratación temporal para hacer frente a "necesidades permanentes" de la Fundación "constituye un ejemplo del fraude de ley (...) y cuya consecuencia es la transformación del vínculo laboral que une a las partes de temporal en indefinido". Es decir, la sentencia considera que la relación laboral que debería de reconocerse a esta persona no es fija discontinua sino indefinida ordinaria porque "los llamamientos se producían en cualquier época del año, su frecuencia era variable, pero en general se trataba de intervalos de pocos días". El juez también señala que el trabajador, que ha recurrido la sentencia, podía haber acudido antes a la justicia puesto que la situación se mantuvo durante años y que no hacerlo solo ha redundado en su perjuicio. 

La secretaria de Formación de CCOO en Euskadi, Lole García, defiende que la contratación era adecuada y sujeta a derecho. "200 profesores han dado formación de forma habitual a lo largo de toda la actividad de la fundación, que funciona por subvenciones públicas. No se sabe la fecha cierta de las convocatorias ni había capacidad de prever qué especialidades se iban a aprobar. Sus contratos estaban sujetos a una actividad concreta de un plan concreto", asegura. García subraya que todos los contratos han estado finiquitados y que se trataba de la prestación de un servicio. Otras sentencias de casos anteriores, asevera, han avalado esta forma de actuar.

Las cinco personas que han denunciado al sindicato en Guipúzcua son afiliadas a Comisiones Obreras y, como tales, tienen derecho a atención jurídica. Es, por tanto, la propia central la que les está pagando un abogado externo para que lleve su caso y es quien abona las costas. En las próximas semanas tendrán lugar al menos otros cinco juicios.

Carta a Toxo

Estos cinco profesores han enviado una carta al secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, que también han hecho llegar a otros líderes sindicales, como el secretario de Formación de la central, Javier López, del que depende Forem. En ella explican su situación y dicen sentirse "abandonados y ninguneados". Fuentes de la dirección del sindicato admiten conocer la carta pero se limitan a decir que han trasladado el asunto a su unión de Euskadi para conocer más detalles. Forem Euskadi, sin embargo, dependía jurídicamente de CCOO confederal.

"En estos meses nos hemos informado de la situación en otras comunidades autónomas y hemos comprobado que si bien han existido expedientes de regulación de empleo el tratamiento dado a los monitores ha sido muy diferente", dicen en la carta. Los profesores aseguran que en Cantabria o Asturias los formadores sí fueron incluidos en los ERE. De momento, la misiva, en la que piden que el sindicato dé una solución a su colectivo, no ha tenido respuesta. 

A finales de marzo, CCOO presentó una propuesta de ERE para los trabajadores de Forem en Madrid, Ceuta y Melilla en la que planteaba una indemnización de 22 días por año trabajado. Finalmente, el sindicato paralizó el expediente para analizar la situación. 



Nos toman por votos





ELOGIO DE LA PEREZA



Contra la teología de los conceptos de ganancia y pérdida





La felicidad no siempre requiere escalar una alta montaña ni bajar a las profundidades marinas. Bien lo sabía cierto personaje de Stefan Zweig cuando se encontraba en un boulevard parisino, en una tarde deliciosa, sin nadie que le esperara. Con tiempo para disfrutar —en libertad— del placer de hacer lo que le viniera de gusto, lo mismo visitar un museo que leer un libro o tomar un café. Sin embargo, entre todas las posibilidades, se decidió por la que creyó más razonable: no hacer nada. Así, entregado al dolce far niente, se dejó llevar por la magia del azar.

Nuestro hombre disfrutaba de una compañera con mala prensa, la supuesta madre de todos los vicios. Pero la pereza, contra lo que pueda parecer, no siempre ha sido el objeto de la inquina de los moralistas de todo pelaje. Los clásicos supieron ver que la obsesión del trabajo por el trabajo resulta, cuando menos, problemática. Séneca, en su tratado acerca de la brevedad de la vida, criticaba a los que, por ambición, se obsesionaban con un esfuerzo contraproducente para hacer de la existencia algo grato. Así, acababan ahogándose en sus propias riquezas, fueran materiales o intelectuales: “¡A cuántos la elocuencia, a fuerza de ostentar ingenio cada día, les hizo expectorar sangre!”. Se trata, pues, de no perder el tiempo en ocupaciones que no llevan a ningún sitio. Porque somos frágiles y no vamos a durar para siempre, aunque nos comportemos como si fuéramos a quedarnos de muestra. Por eso, según el filósofo cordobés, es de necios esperar a los cincuenta años para entregarse al descanso. ¿Qué garantía tenemos de alcanzar esa edad? Por tanto, no nos carguemos con ocupaciones que nos distraigan de lo más importante, vivir.

Para Séneca, ocioso no es el que pasa los días sin dar un palo al agua, sino el que se entrega a la sabiduría y la tranquilidad. El que, por decirlo con palabras de Fray Luis de León, “huye del mundanal ruido”. De esta manera evita sumergirse en una vorágine de movimiento de la que no sale nada bueno. De ahí que Blaise Pascal advirtiera, en el siglo XVII, contra la incapacidad de los hombres de quedarse quietos en una habitación.

La revolución industrial dio un golpe casi mortal a los ideales de vida reposada del que aún no nos hemos repuesto. El tiempo, a partir de entonces, se mercantiliza. Pasa a ser el equivalente del oro, no un bien que nos hace más humanos. No en vano, el capitalismo, además de ser un sistema económico, aportaba una determinada (in)moralidad que giraba alrededor de los conceptos de ganancia y pérdida.

Contra esta teología de lo económico se rebelará el socialismo, pero, como sucede a menudo, los nuevos inconformistas se hallaban contaminados de los valores del mundo que intentaban cambiar. De ahí que Paul Lafargue, el irreverente yerno de Karl Marx, se atreviera a reivindicar la importancia del tiempo libre en un refrescante panfleto, El derecho a la pereza. ¿Qué les pasaba a los obreros, imbuidos de la idolatría por el trabajo que pretendían inculcarles sus explotadores? Su cortedad de miras les llevaba a mirar como un gran progreso la limitación de la jornada laboral a doce horas, cuando lo que debían hacer era rebelarse contra un sistema en el que los talleres no se distinguían de las cárceles. El virus que los burgueses y los curas pretendían inocular consistía en una moral estrecha, en la que el mundo sólo existía como espacio de sufrimiento y expiación. Matarse a trabajar no era una locura suicida, sí una manera de acercarse a lo sagrado. A Lafargue, esta mentalidad le horrorizaba, le dañaba en lo más vivo. Su filosofía, por el contrario, remitía a los antiguos griegos, o también a un cristianismo no tergiversado aún por el poder clerical. Jesús, al fin y al cabo, recordó a sus discípulos en el sermón de la montaña que los lirios de los campos “no trabajan ni hilan”. El mismísimo Jehová, según el Génesis, había dado “el supremo ejemplo de la pereza ideal; después de seis días de trabajo, descansó para toda la eternidad”.

La obsesión por el trabajo, lejos de traer prosperidad, desembocaba en crisis de sobreproducción que provocaban más y más miseria. Nadie parecía pensar que para vender un producto alguien debe comprarlo, por lo que el mercado, más tarde o más temprano, acababa por colapsarse. Y todo por mantener un desenfrenado capitalismo industrial en el que se habían abolido las normas de los viejos gremios, entre ellas la regulación horaria al desempeño de los oficios.

Tras Lafargue, otros pensadores apostaron por un sentido más lúdico de la existencia, convencidos de que lo contrario conducía a un callejón sin salida. No sólo como individuos, también a nivel de colectividad. Bertrand Russell, en su Elogio de la ociosidad, denunciaba el prejuicio que incluía el trabajo en la nómina de las virtudes, absurdo al que atribuía un claro contenido clasista. Sólo aquellos con la vida resuelta podían creer en las bondades del esfuerzo manual, nunca los obligados a buscarse el sustento alquilándose como mano de obra. Con las consecuencias que por fuerza conllevaba esa situación: agotamiento, estrés…

Como la apología del espíritu laborioso había producido terribles males, el futuro de la civilización pasaba forzosamente por la reducción organizada de la jornada laboral. Este era el medio para incrementar la felicidad y la riqueza de los individuos.

Por tanto, la sociedad debía cambiar el paradigma del trabajo basado en una “moral de esclavos” por el paradigma del tiempo libre. El trabajo no sería bueno en sí mismo, sino sólo como medio para lograr lo realmente importante, el ocio. Entendido como ese espacio de libertad donde somos realmente nosotros mismos y podemos hacer lo que deseamos. La actividad posee valor por sí misma, no por el rendimiento económico que esperamos sacar de ella.

¿Cómo alcanzar un cambio tan profundo? Para Russell, los avances tecnológicos, puestos al servicio del bien común, permitirían acabar con un sistema irracional en el que unos sufrían exceso de trabajo mientras otros morían de hambre, víctimas del desempleo. Lafargue, un siglo antes, ya había sugerido limitar la jornada con una propuesta radical, tres horas diarias como máximo, de manera que sobrara tiempo “para disfrutar de las alegrías de la tierra, para hacer el amor y divertirse; para hacer banquetes jubilosamente en honor del alegre dios de la holgazanería”. Se descubriría así que la pereza, en realidad, no es una maldición sino la madre de todas las artes y de todas virtudes.

Trastocado por fin el fundamento del capitalismo, llegaría el momento de sacarle el máximo partido al esparcimiento. Russell prefería los placeres activos a los pasivos, como ver películas o asistir a partidos de fútbol, ofertas con tanto público porque casi todo el mundo consumía su energía durante las horas de trabajo, de manera que no quedaban fuerzas para mucho más. Con el necesario tiempo libre, semejante estado de cosas se modificaría por completo: la gente practicaría de nuevo aficiones en las que ejercer el protagonismo. Viviría entonces de una manera más relajada, lo que redundaría en beneficio de las relaciones interpersonales: “el buen carácter es la consecuencia de la tranquilidad y la seguridad, no de una vida de ardua lucha”.

El escritor alemán Sebastian Haffner, en su Invitación a la holgazanería, también apostaba por una vida calmada en la que, liberándonos de la tiranía del reloj, nos dedicáramos sin trabas al arte, la sociabilidad y el buen humor. Los holgazanes —no los gandules, ojo—, al ir por el mundo sin prisas, saben improvisar de modo que les alcance la chispa de la genialidad. Surge así el pensamiento, pero sobre todo la humanidad. En rebeldía contra un mundo dominado por la codicia disparatada, Haffner añora los buenos tiempos en que la obligación y la devoción no formaban compartimentos estancos. “Al parecer todavía hay algunas oficinas en las que se toma el café y se filosofa, y redacciones de periódicos donde se juega al ajedrez”, escribía como si pretendiera demostrar que los germanos no han de ser cabezas cuadradas, con ese espíritu festivo que el tópico atribuye a los latinos. El mundo laboral, en su opinión, resultaría más tolerable si se permitiera en su seno un espacio para la distracción.

En la misma línea se movía Robert Louis Stevenson: en su defensa de los ociosos, no se limitaba a proponer una ociosidad entendida como un hacer lo que se quiere; también alertaba contra las deformaciones psicológicas de lo que podríamos denominar “moral de gladiador”, la del individuo tan obsesionado con su oficio que no vive sino para escalar peldaños en el mismo. Con una mirada tan estrecha que desprecia todo lo que no esté relacionado con su pequeño mundo. De esta manera, además de agotarse, sólo consigue convertirse en una criatura resentida cuando comprueba que el Universo, en lugar de girar a su alrededor, permanece indiferente a sus pequeñas hazañas. A un triunfo que, si es que llega, exige esfuerzos por completo desproporcionados en relación a la magra recompensa, apenas un poco de “calderilla”, a decir de Stevenson. “Aunque alguna vez haya un lord Macaulay que acabe sus estudios con todos los honores y en su sano juicio, la mayoría de los muchachos pagan un precio tan alto por sus medallas que salen al mundo en bancarrota y no se recuperan”.

Para el autor de La isla del tesoro, pronunciarse en favor de la libertad, rebelarse contra una ética capitalista que degrada al individuo a lo que hoy denominaríamos “workalcoholic”, tenía algo de provocación. No entendía al académico que ponía su vida al servicio del conocimiento cuando era el conocimiento el que debía estar al servicio de la vida. Porque era muy consciente de que la sabiduría es algo distinto de la mera acumulación de datos, muchos de ellos inservibles. El verdadero aprendizaje, tal como él lo entendía, no se reducía al dominio de un conjunto de destrezas profesionales. El auténtico objetivo es el de ser maestros en el arte de la felicidad, un deber que Stevenson considera infravalorado con lamentable frecuencia. Y eso significa poseer un sentido lúdico que permita disfrutar de sus placeres, un discernimiento que nos ayude en el trato con los demás, con una apertura de espíritu que haga descubrir las riquezas inmateriales que nos hacen mejores. En eso consistiría, en definitiva, el verdadero “éxito”.



¿ A qué no?




¿Tu jefe te putea? Denuncia a otro.


Estás currando de falso autónomo, sabes que es ilegal pero necesitas el dinero. Denunciar a tu jefe es una putada, es cierto, y te da miedo que haya consecuencias. Te entiendo perfectamente. ¿Quieres hacer algo?



Putea a otro jefe. Denuncia a otra empresa. Solidaridad entre trabajadores puteados. O pide a alguien que denuncie a la tuya por ti. Es muy fácil, pregúntame cómo:

Toda persona que tenga conocimiento de hechos que pudieran constituir infracción en materias competencia de la ITSS (laboral, seguridad y salud laboral, seguridad social, empleo, etc.) puede reclamar los servicios de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Están obligados a actuar ante cualquier denuncia, es gratuito, sólo cuesta un sello y una fotocopia de tu DNI. Si no tienes para el sello YO TE LO PAGO. Que estoy generosa.

No hace falta que seas trabajador, sólo que sepas que en algún sitio, alguien, está haciendo algo ilegal. Y estamos en España, no es que haya que buscar mucho.

¿Cómo? ¿Que no conoces a nadie en una situación ilegal? Permíteme que lo dude. Aquí te dejo unas pocas cosas que son ilegales:



Y muchos más que podrás consultar en la mejor página del mundo en cuanto derechos laborales: Laboro.

Hazlo por el karma. Denuncia a otro. No arriesgarás en tu trabajo, pero ayudarás a quien lo necesite. Putearás a un empresario* y ayudarás a un obrero, y quién sabe, si somos muchos quizás tengas suerte y alguien haga lo mismo por ti.

Denuncia. Ellos nunca lo harían.

* #NotAllEmpresarios: Sí, ya sé que no todos son unos cabrones, pero es que resulta que los no cabrones en España son animales en vías de extinción. Además, si no han hecho nada ilegal no tienen que temer nada. La Inspección sólo pone multas cuando has hecho algo mal. Pillín.

EDITO: Este es el sistema:

El formulario de denuncia rellenado con lo que crees que es ilegal y todos los datos de la empresa que sepas: “Hay trabajadores con contrato temporal en fraude de ley”
www.empleo.gob.es/itss/ITSS/ITSS_Descargas/Atencion_ciudadano/Formular
Lo envias por correo ordinario a la sede de Inspección de trabajo de la Provincia donde esté la empresa junto con una copia de tu DNI. (Esta información es confidencial y no te da derecho a ser parte interesada.)

Voilà.

https://medium.com/@gemmagoldie/tu-jefe-te-putea-denuncia-a-otro-10aff36480a8#.r4rs5dday


El 40% en edad laboral ni tiene trabajo ni lo busca


A los millones de personas "oficialmente" paradas hay que sumarles otros cientos de miles que ni siquiera aparecen como desempleadas ya que ni tienen trabajo ni perspectivas de encontrarlo.
Un derroche terrible de inteligencia y fuerza humanas, fruto de un sistema económico al servicio de una minoría.

Desde Apoyo Mutuo planteamos la socialización de la riqueza y del trabajo en un marco democrático, y proponemos ir avanzando en base a medidas como la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial y reparto del empleo, la prohibición de horas extraordinarias, la inclusión del tiempo de transporte desde el hogar al puesto de trabajo dentro de la jornada laboral, permiso laboral retribuido de tres años en caso de adopción o nacimiento y la eliminación de cargos directivos y de supervisión.

Para ello, necesitamos dar más poder al movimiento popular, en el trabajo y en el territorio. Nadie nos va a regalar nada.




El salariado


La gran cólera del Trabajo contra el Capital. Prensa de clase en defensa de los intereses del Trabajo.

https://elsalariado.info/



Mi vida como trabajadora de limpieza


Soy una trabajadora precaria de la limpieza. Mi jornada comienza a las siete de la mañana, con las tareas domésticas de mi propia casa, para no encontrarme todo patas arriba a la vuelta del trabajo.



Alrededor de las ocho y media me monto en el metro para dirigirme a los distintos domicilios donde realizo mi trabajo, por un periodo de algunas horas. Pertenezco al grupo de asistenta por horas y como tal cobro y dejo de cobrar. Es decir, si mi jefa decide irse de vacaciones, yo me quedo sin cobrar; al igual que en periodos vacacionales, si me pongo enferma, o cualquier incidente. En mi caso, estoy asegurada solamente desde hace cuatro años, aunque llevo trabajando trece y la seguridad social la pagamos a medias, ya que me rebajó el sueldo en cuanto me dio de alta. Las pagas, vacaciones y demás derechos entran dentro del sueldo y por supuesto tampoco tengo derecho a paro.

En cuanto a mi vida laboral, el día a día es muy monótono, ya que estoy sola, sin compañeros. Llego, me cambio de ropa y comienza la carrera: hay que limpiar a destajo, al máximo, terminar todo en tres horas, procurando no tener que quedarte más tiempo, porque ese tiempo corre por tu cuenta y todo lo que te quedes de más no te lo van a pagar.

En eso se basa la “confianza” para que la relación laboral se mantenga, siempre dándolo todo, y a veces exigen que seas como un profesional planchando o cocinando. A mí personalmente una empleadora me despidió porque decía que yo no sabía freír un huevo, cuando lo acordado era que yo no tenía que cocinar.

Al final del día llegas a casa y sigues con las tareas domésticas, la comida, la plancha etc. Todo por la familia.

Lo peor de estas condiciones de trabajo es ir cumpliendo años, físicamente vas notando como tu fuerza se va mermando, empiezan los achaques y a veces tienes que ir a trabajar sin encontrarte bien de salud porque si no lo haces ya sabes que esa semana no cobras el sueldo. Conozco compañeras del mismo bloque que siguen trabajando después de los sesenta y cinco, no se pueden jubilar porque han trabajado de forma ilegal y su sueldo no da para pagarse autónomos.

En estos días, mientras escribía este artículo, me han despedido del domicilio en el que más años llevaba trabajando. Al parecer se ha roto la “confianza” que mi jefa tenía depositada en mí, porque no me he quedado más tiempo (una vez más) para vaciar el lavavajillas y fregar los cacharros a mano, porque se le había estropeado. A diferencia de otros trabajos en el momento que se rompe la famosa “confianza” te pueden despedir sin contemplaciones. En mi caso ha sido un despido improcedente porque no me ha avisado quince días antes y no me ha entregado la carta de despido, me ha liquidado con seiscientos miserables euros después de trece años y por supuesto sin derecho a cobrar el paro.

Pero yo me pregunto, ¿dónde está el límite entre el trabajo realizado y las horas que te tienen contratada? En muchas ocasiones tienes que quedarte más tiempo que el acordado, porque no da tiempo a realizar todas las tareas. Pero en ese caso ¿quién valora la “confianza”?

Soy una trabajadora precaria de la limpieza. Al escribir este artículo me sumo a las compañeras que han denunciado sus condiciones de trabajo, y os animo a seguir haciéndolo. Pero la denuncia es el primer paso. Lo que tenemos que hacer es organizarnos para terminar con este sistema de explotación.



workers of the world stop working






La democracia no te hace libre



Sacar la cabeza de la urna




Los trabajadores de la industria del pollo llevan pañales porque tienen prohibidos los descansos




Los estadounidenses no pueden parar de comer pollo. Lo hacen más que nunca en toda su historia — en 20 años el consumo del ave de corral se ha multiplicado en un 30 por ciento.

El mercado estadounidense sabe lo que quiere: quiere pollo y lo quiere barato. Y quiere variedad. Quiere variedad de formas, de sabores y de formatos. Pero baratos. Así la imparable demanda está exprimiendo a la industria de las aves de corral estadounidenses hasta extremos sin precedentes.

En este sentido, las cuatro monstruosas corporaciones que se dedican a criar y envasar aves de corral — Tyson Foods, Perdue Farms, Sanderson Farms y Piligrim's Pride — han resuelto, como ha hecho toda la industria desde la noche de los tiempos, apostar todavía más por la cantidad.

En este contexto, los grandes perjudicados por el súbito aumento de la producción están siendo lo trabajadores, hombres y mujeres que trabajan en monumentales cadenas de producción, que hacen horarios ilegales a velocidades desorbitantes, para satisfacer el apetito de una nación con una indiscutible tendencia a la obesidad. Trabajan jornadas de más de 10 horas por las que cobran menos de 10 dólares la hora y en las que solo les está permitido un descanso de media hora.

La presión para mantener la producción a toda máquina es tan agobiante que cada día los supervisores deniegan a sus trabajadores el permiso para ir al lavabo en varias ocasiones. Así lo concluye el informe de Oxfam América, que la organización humanitaria ha decidido titular de manera tan premonitoria como poco ambigua: No hay desahogo: la prohibición de los descansos para ir al lavabo en la industria del pollo.

De tal manera, y para evitar verse en el trago de tener que orinar o defecar en el suelo de la planta en algún momento de apuro, muchos trabajadores se han acostumbrado a trabajar en pañales. "Tenía que llevar sabanillas", ha reconocido un trabajador a Oxfam. "Claro que no solo yo: otros muchos decidieron llevar pañales".

Cada planta pollificadora y cada departamento de la industria trata los descansos para ir al lavabo de manera distinta. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores que laburan en el escalafón más bajo de la cadena, aseguran que dejar la cadena de producción e ir al lavabo es un privilegio poco habitual, nunca un derecho. Si un trabajador necesita ir al lavabo entonces alguien tiene que sustituirle en la cadena hasta su regreso. 

Sobre cómo la industria del pollo trata a sus trabajadores como basura. Leer más aquí.

Según cuentan los mismos trabajadores, a veces encontrar a alguien que te reemplace puede llevar una hora. Y en ocasiones el reemplazo nunca llega. Un trabajador en la planta de Pilgrim, en Alabama, ha asegurado a Oxfam que la única ocasión en la que ella y sus cientos de colegas recibieron permiso para utilizar el lavabo fue durante su descanso para almorzar, el único al que tienen derecho en toda la jornada, un descanso de media hora.

El caso es que quitarse el uniforme para trabajar, comer, hacer la cola para ir al baño y volver a tu lugar en la cadena de producción es una operación que lleva casi exactamente 30 minutos. Es decir que te tienes que pasar la mitad de tu descanso en el lavabo y la otra comiendo.

Un informe elaborado conjuntamente en 2013 por el Southern Poverty Law Center y el Alabama Appleseed Center para la Justicia y el Derecho, titulado Velocidades temerarias: la industria de las aves de corral en Alabama y sus trabajadores desechables, denunciaba que algunos trabajadores habrían asegurado que las políticas de algunas plantas pollificadoras limitaban los descansos para ir al lavabo a 5 minutos.

"Los trabajadores confesaban cómo tenían que despojarse del uniforme mientras salían rumbo al lavabo a la carrera, una acción tan embarazosa como necesaria para cumplir con los 5 minutos de límite", concluía el informe. "La carrera hacia el baño es peligrosa puesto que las procesadoras de animales muertos acostumbran a tener zonas resbaladizas por acumulación de grasas, sangre, agua u otros líquidos".

Una trabajadora que ha hablado con VICE News a condición de aparecer bajo pseudónimo, Susana, ha asegurado que su supervisor en una de las plantas que la corporación Tyson tiene en Arkansas, donde ella trabaja, permite que sus trabajadores vayan al lavabo siempre y cuando no sea durante más de 7 minutos.

El trabajo de Susana consiste en limpiar los pollos que acaban de ser destripados. Según cuenta, el olor que largan los cadáveres es hediondo, una suerte de mezcla en que conviven el tufo a sangre de pollo, con un poderoso olor a lejía, relata. Susana dice que, además, en las plantas hace mucho frío. En realidad, lo que sucede en muchas de ellas es que se prescinde de la calefacción para así evitar que la maquinaria se sobrecaliente. 

Susana fue una de los 200 trabajadores afectados por un escape registrado en un gasoducto de gas cloro en 2011. Actualmente está litigando contra la compañía para la que trabaja, a la que demandó por aquel accidente. A fin de cuentas, Susana tiene serias dificultades respiratorias desde el incidente, pero asegura que continúa en Tyson porque tiene dos hijos que mantener y la empresa le paga la sanidad, que en Estados Unidos es privada y muy cara.

En su caso y debido a sus problemas respiratorios, le cuesta ir y volver del baño en 7 minutos, se le permite ausentarse un poco más — por sus problemas, algo que no sucede con sus colegas.

"Lo que sí les dice, o les recomiendan, es que no beban demasiada agua, de manera que no tengan que ir al lavabo", cuenta Susana. Lo cierto es que muchos de los trabajadores entrevistados por Oxfam también han confesado que les está prohibido beber más allá de cierta cantidad de líquido al día para así evitar que tengan que ausentarse para orinar. 

Susana asegura que el límite de visitas al lavabo le acostumbra a provocar un dolor físico. 

"No solo sufre la dignidad del trabajador: el peligro es real y puede acarrear importantes problemas de salud", advierte el informe. La contención de la orina puede provocar infecciones urinarias que si se dejan sin tratar pueden provocar una sintomatología de resfriado que enseguida puede complicarse con una infección de riñón, un riesgo que, en el peor de los casos, puede abocar a su víctima a la muerte.

Las mujeres embarazadas de hecho, tienen un riesgo especialmente elevado de contraer infecciones de orina o de riñón, que pueden lesionar gravemente tanto a la madre como al feto. El tratamiento, además, puede ser complicado. La industria del pollo es conocida, entre otras lindezas, por embutir a sus animales de antibióticos, para evitar según qué enfermedades, y por inyectarles agua, para multiplicar su densidad corporal.

Los antibióticos suministrados a los animales pueden resultar nocivos para aquellos trabajadores que manipulan los cadáveres de los animales. Algunos, de hecho, terminan desarrollando una resistencia al antibiótico, lo cual ha complicado su proceso de recuperación tras haber contraído alguna infección vírica. Muchos de los trabajadores a los que se entrevista en el informe han denunciado padecer dolores estomacales y de riñones.

Desde la década de 1970, la administración de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA en sus siglas inglesas) ha sido la encargada de supervisar la seguridad de los trabajadores de la escabrosa industria cárnica de Estados Unidos. La administración ha elaborado algunas regulaciones estandarizadas sobre las condiciones de trabajo y lleva a cabo inspecciones regularmente para comprobar que la normativa está siendo respetada.

Sin embargo, la administración anda corta de personal y de presupuesto, de manera que en el año 2013 solo pudo inspeccionar un 1 por ciento de las plantas cárnicas del país. 

Lo peor del caso es que cuando la administración llega a inspeccionar plantas cárnicas, las sanciones por las violaciones de la regulación son completamente irrisorias. De tal manera, en 2014 el promedio de una sanción federal promovida por la administración por una "violación seria" — amenazas contra la salud y la seguridad en el trabajo que pueden desembocar en lesiones o hasta en la muerte — era de solo 1.972 dólares.

Una cámara oculta muestra cómo maltratan pollos en un matadero en EEUU. Leer más aquí.

En respuesta al informe, Deborah Berkowitz, una exagente de la administración de Seguridad Ocupacional (ahora con contrato senior en el National Employment Law Project), escribió un artículo de opinión en la revista Quartz en el que aseguraba que lo que los trabajadores habían relatado a Oxfam se parecía mucho a los que ella misma habría presenciado durante la época que trabajó en OSHA.

"Soy testigo de los peligros. Los trabajadores de la industria del pollo forman líneas interminables en la interminable cadena de producción. Trabajan hombro con hombro frente las cintas transportadoras. La mayoría emplean tijeras y cuchillos, y lo hacen en condiciones frías, húmedas y extremadamente ruidosas. Están obligados a repetir los mismos movimientos forzosos miles y miles de veces al día, mientras se dedican a despellejar, estriar, cortar, deshuesar y envasar los pollos. Normalmente una planta procesa unos 180.000 pollos al día. Un trabajador acostumbra a manipular unos 40 por minuto".

Berkowitz advierte que "el acceso al lavabo está regulado por las leyes de seguridad en el trabajo de Estados Unidos. Sin embargo, la falta de personal y de presupuesto de la agencia entrañaría que tuvieran que pasar 100 años antes de que el personal de la misma hubiese podido supervisar todos los lugares de trabajo de Estados Unidos". Según relata, las corporaciones contratan cada vez a más personal para así conseguir que sea más fácil reemplazar a aquellos que necesitan ir al lavabo.

Muchos de los trabajadores que desempeñan su labor en semejantes condiciones son parte de un población vulnerable y reconocida de trabajadores. La industria lo sabe bien, así que se dedica a contratar a "poblaciones marginales y vulnerables". Así lo concluía un informe elaborado por Oxfam América hace cuatro años.

"De los 250.000 personas aproximadas que trabajan en la industria del pollo, muchos son de color, migrantes o refugiados", señalaba aquel informe. Muchos proceden de países como Birmania, Sudán o Somalia y han sido contratados gracias a tratados de reasentamiento laboral suscritos entre aquellos países y Estados Unidos. Bacilio Castro, un extrabajador de la industria del pollo en la compañía Case Farms de Carolina del Norte, asegura a VICE News que está convencido de que más de la mitad de sus colegas no tienen papeles.

El Consejo Nacional del Pollo (NCC en sus siglas inglesas) — una asociación de comerciantes que representa los intereses de la industria del pollo en Estados Unidos — emitió un comunicado ayer en el que cuestiona las denuncias de Oxfam contra la industria.

El texto señala que "se trata de denuncias que no nos sientan bien" y asegura que "cuestionan que Oxfam se dedique a hacer un retrato general de la industria con un pincel de brocha gorda, apenas apoyado por un puñado de denuncias anónimas" afirma el comunicado. En este sentido, sostiene el consejo "estamos convencidos de que los casos denunciados son extremadamente inusuales y de que las industria de las aves de corral de Estados Unidos trabaja muy duro para prevenir situaciones parecidas".

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"Coordinar los descansos para ir al lavabo en un lugar de trabajo no es algo que sea exclusivo de la industria del pollo", añade el comunicado del NCC. "Se puede tratar de un conductor de autobuses, de un barman, de un cajero de un banco o de alguien que trabaja en un trabajo de producción... los descansos para ir al lavabo están contemplados y pensados para el empleado".

Gary Mickelsen, portavoz de comidas Tyson asegura a VICE News a través de un correo electrónico, que su empresa estaba preocupada "por esta serie de denuncias anónimas" y que "si bien no tenemos ninguna evidencia de que sean verdad, están trabajando para asegurarse de que la normativa sobre descansos para ir al lavabo está siendo respetada y de que las necesidades de nuestro equipo de trabajadores sean atendidas".

Mickelsen también asegura que algunos representantes de su compañía ya se habían reunido con gente de Oxfam anteriormente para discutir temas parecidos y que ya fueron informados "de que estamos convencidos de estar al frente de una empresa que se preocupa por sus trabajadores y que está abierta a escuchar consejos que informen de lo que puedan hacer para mejorar".

"Proteger y asegurar la salud y la seguridad de cada miembro del equipo de Pilgrim es una de nuestras preocupaciones fundamentales", escribe Cameron Bruett de Pilgrim's Pride, quien aprovecha para añadir que los empleados de la misma "tienen la posibilidad de denunciar injusticias a través de un proceso de resolución de disputa, un proceso negociado y arbitrado sindicalmente", explica. Además, sus trabajadores también pueden acceder a la llamada "Pride Line", — una línea de atención telefónica abierta las 24 horas donde pueden denunciar cualquier irregularidad".

Julie DeYoung, de Perdue Farms también asegura que "la salud y el bienestar de nuestros trabajadores es fundamental y nos tomamos estas denuncias muy seriamente".

"Las situaciones denunciadas no parecen estar relacionadas con los usos y las prácticas de Perdue. En realidad, Perdue dispone de una Política de Puertas Abiertas que incluye una línea de asistencia telefónica gratuita y anónima en la que cada cuál puede expresar lo que le preocupa. Hemos revisado la situación y podemos decir que nadie ha denunciado nada a través de nuestra línea".

Por su parte, los representantes de Sanderson Farms se han abstenido de hacer declaraciones.

Oxfam asegura que su informe es el resultado de 3 años de investigaciones, de cientos de entrevistas con extrabajadores y trabajadores actuales de la industria de las aves de corral, con especialistas médicos y activistas, y que está desarrollando investigaciones paralelas sobre el mismo tema. Así, de los 266 trabajadores a los que se ha preguntado en Alabama, el 80 por ciento ha asegurado que no se les permite ir al lavabo cuando así lo piden.


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